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La violencia como motivo y origen de los vegetarianos

Lisa Simpson vegetarianaLos vegetarianos han existido y seguirán existiendo. Si bien lo común es el rechazo a comer carne animal, no todos llegan a esta afirmación por el mismo camino. Existen grupos que consideran pernicioso para la salud comer esta clase de alimentos, otros a los que les resulta irrespetuoso con los animales (veganismo), etc… Pero lo que llama la atención es que un porcentaje importante de personas confluyen en esta práctica de un modo irreflexivo. Es decir, el disgusto a la comida de origen animal precede al razonamiento con el que justifican su postura. Este pre-juicio (dicho como idea pre-concebida) es un indicador de que el posicionamiento del individuo viene determinado por lo que le dicta su inconsciente. El caso del vegetarianismo de Hitler es conocido y, aunque quizá no sea el mejor ejemplo debido a las connotaciones negativas, puede servir para comprender a muchos vegetarianos que sienten una repulsión natural hacia la carne.
Hitler dejó de comer carne poco después del suicidio de Geli Raubal, su medio-sobrina con la que había mantenido practicas ominosas que casi con certeza eran principalmente de carácter sexual. El comportamiento de Hitler por estas fechas demuestra que sentía un cierto grado de culpabilidad por el fallecimiento de Raubal. Hacerse vegetariano le suponía impedir el tener que revivir el conflicto y percibirse a sí mismo como un asesino, al tiempo que también suponía un sacrificio espiritual con el que aplacaba su culpa. Curiosamente ofrecía carne a los demás, aunque él se negaba a probarla. Algo que lo separara de muchos vegetarianos que se niegan a consumir carne pero también desaprueban su consumo. En el caso de Hitler se podría decir que el conflicto no era con la idea de matar a alguien (ser humano o animal), sino con el hecho de hacerlo él mismo por medio de un contacto físico. Algo que también concuerda con la circunstancia de que siempre se negó a estar presente en cualquier clase de ejecución. Incluso cuando sus generales buscaron por todos los medios que presenciase lo que pasaba en el frente después de la derrota de Stalingrado, él siguió negándose.
Bien, Hitler puede no ser el mejor ejemplo, pero sí que es una muestra de cómo el inconsciente puede re-dirigir el comportamiento de una persona para evitar que se enfrente de nuevo con la evocación de la violencia o de un suceso violento. Si retomamos el mencionado caso de las personas que optan por ser vegetarianas antes de hacer ninguna clase de reflexión personal, observaremos cómo en muchos casos evitar revivir un episodio violento es lo que se encuentra detrás de su decisión y posterior racionalización. En los músicos encontramos casi siempre una vinculación a hechos dolorosos que fácilmente pueden tener un origen violento. Así no es de extrañar que músicos populares como Paul McCartney o Morrissey sean orgullosos y declarados vegetarianos. En el caso de McCartney parece que esta circunstancia le llevó además a la búsqueda de una justificación racional y a una demostración pública de que el vegetarianismo como modo de vida es sano, ético y recomendable para todos. Algo que quiso plasmar en el patrocinio que ejerció sobre un equipo ciclista que tenía como principal característica el alimentarse exclusivamente de forma vegetariana. En el caso de Morrissey observamos un comportamiento altamente neurótico (en muchas ocasiones sólo se relacionaba con los demás por medio de fax) que es un reflejo de la violencia padecida y que, con mucha probabilidad, buscó reprimir haciéndose vegetariano.

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Bullying: El perfil común del acosador escolar

El acosador escolar en el bullyingSi bien los acosadores adolescentes se encuentran en posición de discernir entre el bien y el mal, cosa que los obliga a asumir la parte principal de responsabilidad, también es necesario resaltar que no se debe de focalizar todas las culpas únicamente en ellos. Esto es así porque no sólo ellos fracasan, también el sistema educativo que debía de haberlos guiado.
En el perfil más común del acosador tenemos a un adolescente que no ha encontrado un verdadero camino con el que realizarse como persona y que busca una salida fácil a su propio conflicto mediante el hostigamiento. Tiende a proceder de hogares en los que hay una falta de cariño entre los miembros de la familia y en los que la agresividad es marcada de una u otra manera, con lo que el niño fácilmente puede desarrollar la habitual ira incontrolada además del común carácter violento que, además, va unido a una baja tolerancia a la frustración (Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, 2006). Esta vinculación con la violencia hace que perciba las relaciones humanas bajo la relación de poder o de sumisión y que su distorsión cognitiva sea vea alterada ya que, al sentirse fácilmente amenazado por su entorno, justificará sus agresiones desde esta percepción. Un razonamiento similar al que usaba Hitler para justificar la necesidad de la guerra, porque, a su modo de ver, si su país no atacaba se vería inevitablemente sometido por enemigos que no existían más que en su mente. Lo mismo podría decirse de la más reciente justificación norteamericana de “guerra preventiva”. Visto lo anterior el acosador intentará evitar las situaciones de aislamiento o de soledad ante sus compañeros y se centrará en procurar dominarlos (Olweus, 1993).
En la clase de hogares descrita también suele haber permisividad o indiferencia respecto al comportamiento del niño, hasta el punto de mantenerlo en una situación de semiabandono. Recordemos que anteriormente ya se aludió a que el simple hecho de que un adolescente pase varias horas al día viendo la televisión ya le supone una alta probabilidad de ver aumentado su nivel de agresividad. Es por esto que la falta de presencia real de los padres supone a los adolescentes un desconocimiento del significado de la autoridad y del sentido de la responsabilidad (frecuentemente suelen culpar a los demás de sus propios errores). En el tema de la autoridad hay que matizar la diferencia entre autoridad moral y el autoritarismo. Mientras que el segundo concepto se basa en la imposición de criterios no justificados y, por lo tanto, fluye en una única dirección; la verdadera autoridad supone una bidireccionalidad mediante la que el paciente (el niño) reconoce el mayor desarrollo personal del agente (los padres) y voluntariamente cede una parte de su autonomía porque es consciente de que es lo adecuado tanto desde el punto de vista moral como desde el lado práctico. Si las situaciones de autoritarismo son nefastas y tienden a producir niños rebeldes, la ausencia de autoridad paternal puede suponer la indiferencia hacia las normas de convivencia. Ciertamente el niño puede comprender que existen una serie de normas sociales bajo las que debe de desenvolverse, pero no las tendrá interiorizadas. Es por esto que en un contexto puede asumirlas de cara a los demás pero, en cuanto se sienta impune, preferirá primar sus propias apetencias. Esta oscilación es similar al comportamiento de muchos torturadores adultos que, siendo correctos padres de familia, pueden infringir daño de forma deliberada y al poco rato retomar su vida familiar como si no hubiese sucedido nada. También en ambos casos se da un baja empatía hacia los demás. Actitud ésta que es constante entre los niños acosadores y que suele ser proporcional al nivel de agresividad. Es decir, a menor empatía mayor nivel de agresividad (María Victoria Trianes Torres, 2000).
Hay que tener en cuenta que el acosador, merced a su condición, se sitúa en una posición de líder grupal. Es decir, él suele llevar alguna clase de iniciativa en la situación en la que se desarrolla el acoso. Para esto se hace necesario un no poco frecuente alto nivel de autoestima (Batsche y Knoff, 1994) o, cuando menos, un nivel próximo a los promedios de una persona común. En cualquier caso será muy improbable que la autoestima sea realmente baja durante un periodo de tiempo prolongado. Es por esto que, pese a poder tener alguna clase de complejos, buscará resolverlos autoafirmándose.
Es común que los acosadores tengan más posibilidades de entrar en el mundo de las drogas blandas (tabaco, alcohol,..) y, casi siempre, repiten o han repetido algún curso. Así mismo el acosador adolescente empieza un camino en el que aumentan sus posibilidades de entrar en el campo de violencia cuando llegue a ser adulto. Según José María Avilés Martínez (2002) una cuarta parte del total terminará con algún tipo de problema con la justicia. Kiyonaga, Mugishima y Takahashi (1985,1986) y Mugishima, Kiyonaga y Takahashi (1985) han encontrado una vinculación directa entre la clase de maltrato de los agresores y el tipo de delincuencia que ejercerán en el futuro. Así resulta frecuente que los acosadores, como también señala David Harrington, repitan su comportamiento en el ámbito familiar (violencia de género, violencia hacia los hijos, etc...) o en el laboral (mobbing).

Nota: En el 2006 El País publicó un artículo de Patricia Ortega Dolz que, en su momento, fue muy polémico pero que, sin embargo, resulta interesante para ilustrar algunos de los rasgos aquí mencionados. Su título era: “Soy de los que pegan”.

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Antibullying: Qué hacer y cómo actuar ante el acoso escolar.

Aunque tenía una idea del respaldo social que existe hacia la violencia como “modo de solucionar” los conflictos, tengo que reconocer que no deja de sorprenderme el alto grado de apoyo que ésta tiene para afrontar los problemas de acoso escolar. En el caso de Casey Heynes se ha visto como la casi totalidad de las opiniones populares legitiman el que una de las partes se tome la justicia por su mano. Algo que, a mi modo de ver, deja claro el nivel de desconocimiento social que tenemos de este problema y, además, es una prolongación de la mentalidad violenta de la sociedad actual.
Lo primero que hay que dejar bien claro es que es insólito que un psicólogo que conozca medianamente el tema del bullying afirme que la violencia (del tipo y dirección que sea) supone algún tipo de solución real. Es verdad que esta afirmación procede principalmente de una perspectiva científica y que, además, los psicólogos (al igual que cualquier otra persona) no son “seres neutros” que puedan hacer una interpretación completamente objetiva del tema. Todo conocimiento implica una hermenéutica, un tipo de interpretación. Inevitablemente hasta la ciencia se ve inmersa en una ideología. Sin embargo la comprensión de la violencia como fenómeno (algo de lo que se podría hablar muy extensamente) deja claro que es un mal en sí y que, como tal, predispone a generar más mal. Así pues no es que la violencia no sea una solución en el caso del bullying porque los psicólogos la rechacen, es que tampoco supone un camino adecuado en otros ámbitos.
En el caso del acoso escolar lo primero que hay que comprender es que no es una situación en la que solamente intervienen dos partes (agresor/es y agredido), sino que los espectadores forman un tercer grupo al mismo nivel que los dos anteriores. Cualquier persona, por el mero hecho de ser testigo de una situación de bullying, se ve envuelta en ella (lo quiera o no). Esto es así porque en cualquier opción que escoja se verá afectado, no existe la neutralidad. Si decide eludir el problema aumentará su temor de poder llegar a ser víctima y, además, su propia humanidad quedará deteriorada. Caso de que decida actuar la implicación ya será más evidente. Así pues contemplaremos las pautas a seguir desde estas tres partes.

DESDE EL NIÑO AGRESOR
Los padres del niño agresor deben de asimilar que el bullying no es una circunstancia casual, sino la prolongación esperable de una mala educación del niño. En cuanto a esto la principal responsabilidad es de los padres, pero también hay que incluir (aunque en menor medida) a los centros educativos o a la sociedad. Así pues el primer problema para un padre es asimilar que, en alguna medida, está fracasando educativamente con su hijo. Tristemente el camino más frecuente para los padres del niño agresor suele ser culpar a los demás de la situación y exculpar al hijo propio. Se podría decir que aquí se une la tozudez mental con la malinterpretación de lo que es el amor paternal. Obviamente los padres deben de velar por el desarrollo de su hijo y no por defenderlo a toda costa cuando es él el culpable. Afortunadamente hay casos en los que los padres tienen la madurez suficiente como para afrontar el problema. Recientemente tenemos el caso la madre de Casey Heynes, que ha abominado de la agresión defensiva de su hijo, o el quizás excesivo caso del padre que llevó a sus dos hijos a comisaría para denunciarlos por acoso escolar.
En este punto lo crucial es hacer cambiar al niño de actitud haciendo que comprenda lo que significa su comportamiento. Tanto el centro educativo como los padres tienen que evitar banalizar los actos violentos y hacerle ver que esto es algo no menos importante que su expediente académico. Debe de reconocer sinceramente su error y enmendar el daño que haya hecho. Sin llegar a excesos conductistas hay que fomentar que obtenga satisfacciones de una conducta positiva y recriminaciones ante cualquier indicio de acoso escolar. También los padres deben de asimilar que este fracaso de su hijo (no hay que disfrazarlo con ninguna otra palabra) es también un fracaso suyo como modelos educativos. Los niños funcionan en buena medida por imitación y si los padres permiten o ejercen la violencia de alguna manera es fácil que el niño vea justificado el uso de ella ante sus semejantes.

DESDE LA VÍCTIMA
El primer problema de la víctima es la vergüenza debido a lo humillante de la situación en la que se encuentra. Fácilmente desarrollará sentimientos de culpa que le lleven a pensar que ha hecho algo equivocado y que ello ha motivado la situación de acoso. Estos sentimientos de culpabilidad y baja autoestima son parejos a los que también suelen padecer las víctimas de violencia de género. Resulta básico acabar con esta situación y hacerle ver al niño que es no es el culpable, sino la víctima. Principalmente para que no se infrinja más daño del que ya ha recibido, pero también porque el permanecer en esa situación le dificultará más el poder solucionarla. Hay que tener en cuenta que el acoso escolar, en cuanto a que fomenta que las víctimas pierdan el control sobre sus vidas, también genera impotencia en ellas. Así pues se debe de fomentar que el niño sienta seguridad para comunicar su situación y se le debe de hacer ver que tiene que afrontar el problema.
Resulta clave comprender que el niño es víctima de un “fenómeno de carácter social”. Bajo ningún concepto se debe de pensar que es un problema suyo que tiene que resolver por sus propios medios. Nadie quiere estar en esa circunstancia y si el niño hubiese podido solucionarlo por él mismo ya lo habría hecho desde el comienzo. Recordemos de nuevo que la baja autoestima e impotencia que conlleva la victimización hace que el niño no se encuentre en igualdad de condiciones. Además el bullying es en esencia una actitud sádica contra alguien que se encuentra en inferioridad. Esta inferioridad, que también pruebe el propio bullying, se da en varios terrenos. Precisamente el asentimiento social o, directamente, la desventaja numérica en la que se encuentra el agredido son algunos de los factores que consolidan esta desventaja.
Es necesario revertir la situación. Para ello los padres o incluso el propio implicado deben de hablar con los responsables de lo que esté sucediendo para buscar un fin inmediato. Primeramente con los encargados del centro escolar y también con los profesores. Igualmente hay que hablar con los padres de los niños implicados. Especialmente con los de los niños agresores, pero también (si es posible) con los de los niños que están en la posición de espectadores.
El niño deberá de intentar no mostrar señales de debilidad que inciten a un agresor a creer que tiene posibilidades de ejercer la violencia. También es conveniente que procure que su situación sea desconocida fuera del ámbito de la propia agresión. Para ello es importante evitar los lugares que carecen de vigilancia en los centros educativas (pasillos, lugares de recreo, etc…) que pueden propiciar el sentimiento de impunidad de sus agresores.

DESDE LOS NIÑOS ESPECTADORES
Uno de los principales problemas de este apartado es la tendencia habitual a considerar que delata la situación es un “chivato”. Debe romperse esta imagen y hacer ver que no es admisible la pasividad cuando están agrediendo a un semejante. Como anteriormente decía, el bullying también daña a toda persona que lo presencia y decide no darse por aludido. Para empezar genera miedo en los espectadores que, al observar una situación en la que un igual es agredido, perciben que ellos pueden verse involucrados en cualquier momento. Este miedo también destroza la humanidad de los espectadores (lo insensibiliza), fomenta un carácter egoísta y respalda la competitividad bajo el imperativo de la violencia. Por lo tanto es fundamental asimilar que el bullying no es sólo un problema a dos bandas entre agresor y agredido, incumbe también a las personas que lo presencian o lo admiten.

EL PAPEL DEL CENTRO EDUCATIVO
Teniendo en cuenta que mientras los niños se encuentran en el centro educativo se encuentran bajo sus reglas y su potestad hay que considerar a sus dirigentes como últimos responsables de cualquier situación que se pueda dar allí. Tanto para lo bueno, como para lo malo. Es obligación suya el velar, no sólo por la educación de los niños que están bajo su tutela, sino también de su seguridad. Teniendo en cuenta que el bullying es un fenómeno escolar recurrente [1] se hacen necesarias medidas preventivas para evitar o paliar en todo lo posible su desarrollo. Una de ellas es fomentar que cualquier caso o indicio de bullying sea rápidamente denunciado. Una opción podría ser establecer un buzón anónimo para las quejas que esté a disposición de cualquier implicado.
Así mismo los profesores deben de velar porque exista un entorno favorable para la igualdad y desfavorable para las situaciones de acoso escolar. Por ejemplo, si observamos los estudios que demuestran que la situación “geográfica” de un niño en clase ya favorece o dificulta la comunicación [2], comprenderemos que la potestad de un profesor para cambiar a los alumnos de pupitre resulta importante para el tipo de relaciones sociales entre los alumnos. Es por esto que podría resultar nefasto arrinconar a un niño que ya tiene dificultades de comunicación. El centro educativo también debe de crear un “marco social” que combata el asentimiento social de las situaciones de bullying. Es necesario dejar muy claro que ninguna situación de acoso escolar quedará bien vista por los demás pero, al mismo tiempo, se debe de evitar toda incitación a un linchamiento público. Tanto para el acosado como para el acosador. Hay que hacer ver que el acosado es una persona como otra cualquiera [3] y que un comportamiento acosador no es admitido sin que por ello se margine al agresor.
También es responsabilidad del centro el anular todo espacio que quede fuera de su vigilancia. Para ello adoptará las medidas que sean necesarias. Por ejemplo, haciendo que los profesores se encarguen de la vigilancia en los pasillos.

[1] Ya hay varios estudios que certifican esta situación. Por ejemplo, se puede consultar on-line el ”Informe Cisneros X” realizado por por Iñaki Piñuel Zabala y Araceli Oñate Cantero en la circunscripción de España.
[2] Un niño con compañeros a ambos lados de su pupitre tiene más posibilidades de establecer comunicación con sus compañeros de clase que uno que se encuentre junto a una pared.
[3] De hecho el que cualquier escolar sea susceptible de ser víctima de una situación de bullying es conclusión frecuente en la mayoría de los estudios hechos hasta ahora.

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El acoso escolar en Casey Heynes: el bullying y el vídeo.

Recientemente ha saltado en los medios de comunicación el caso de Casey Heynes, el acosado escolar que se tomó la venganza por su cuenta. Por los pocos detalles que se pueden comprobar a través de los medios de comunicación parece ser una situación común de bullying. Lo que realmente lo hace peculiar es lo llamativo del vídeo que se ha difundido y la fortísima repercusión social que está teniendo (esta mañana incluso llegó a ser “trend topic” en twitter). Lo que no parece ser mencionado en los medios de masas es que, paradójicamente, la grabación de ese vídeo tenía una clara intencionalidad de ciberbullying. Digo esto porque, vista la situación que se nos presenta, no parece que el desenlace fuese a ser el que realmente fue. Es decir, la situación real es que un grupo de escolares graba las imágenes de un acoso escolar, sin impedirlo (pasividad que es recurrente en situaciones de bullying), y muy probablemente con el afán de difundirlas aunque el agredido no hubiese respondido. Cosa que, al ser una prolongación del acoso mediante la difusión en internet, se constituye en otra variante. El mencionado cyberbullying.

Uno de los primeros detalles que resultan llamativos en el vídeo es la mayor fuerza física del agredido respecto del niño agresor. No sólo por lo que sugiere la diferencia de apariencia física, sino también por el hecho de que cuando el niño agresor le da un puñetazo a Casey, éste físicamente ni se inmuta mientras que en cuanto decide devolver la agresión no tiene problema en infligir a su víctima el daño que le apetece. Esta circunstancia delata el haber llegado a una situación de un alto grado de acoso en la que el agresor ya se sentía completamente impune. Así pues la descripción que se da en los artículos que tratan este tema, en la que se alega que Casey sufría una prolongada situación de acoso escolar con una victimización consolidada, podría estar en lo cierto y más si vemos que su situación había llegado a uno de los niveles más altos del acoso que se da entre los chicos (a diferencia de lo que sucede con las chicas), la agresión física. Posiblemente esta aparente pasividad de Casey para devolver las agresiones haya sido uno de los detonantes para que llegase a ser escogido dentro de su grupo como víctima y para que el hostigamiento se prolongase en el tiempo (algo fundamental en las situación de acoso). Además el hecho de que sea un niño con apariencia fuerte seguramente haya hecho más excitante a sus acosadores el hecho de saberse con dominio sobre él.
A mi modo de ver la situación que podemos observar en el vídeo también podría ser un ejemplo de una de las explicaciones más comunes de las teorías que explican la violencia, la de la mímesis de René Girard. Aunque a primera vista podrían resultar exageradas las descripciones de Girard de cómo la violencia “contamina” todo cuanto se encuentra a su alrededor (él lo ejemplifica con la soga del ahorcado en un árbol y la violencia que se traslada a su entorno), lo cierto es que en este caso vemos como una persona primeramente remisa a la violencia como es Casey termina convirtiéndose en una agresora como su atacante. Bien es cierto que aquí podría considerarse como “violencia defensiva”, pero también es verdad que la violencia (y aquí vuelvo a Girard) no entiende de razones. Funciona bajo las mismas reglas la ejerza quién la ejerza.
Como este suceso está teniendo una repercusión social inusitada (hasta hay admiradores que le acaban de hacer a Casey una web y una cuenta de twitter) resulta también importante considerarlo desde el plano sociológico. Luego de tantear las opiniones desde distintos lugares (aquí hay una hilo grande de comentarios) no dejo de asombrarme del papel heroico que se le otorga a este chico y que, además, es uno de los motivos principales de que este caso esté teniendo tanta repercusión, o de la banalización de una escena tan violenta (el apodo de Zanguief, motivado por la analogía respecto al tipo de agresión y a la corpulencia, es una muestra de ello). La opinión más extendida parece ser la que justifica la acción de Casey (en las imágenes se ve que es una agresión muy dura que pudo tener graves consecuencias). Detrás de esta opinión común parece subyacer la idea de que el fin justifica los medios. Algo que ha sido muy extendido por los ideales propagados, principalmente desde Norteamérica, mediante la televisión o el cine (véase Chuck Norris y similares). Precisamente Ross y Bandura (1963) ya demostraron que este tipo de modelos violentos se pueden irradiar mediante la imitación. No hay que olvidar que la televisión, además de ser generadora de violencia (Eron y Huesmann (1986) y Pearl, Bouthilet y Lazar (1988)) es el principal agente educativo para el grueso de la población. Mediante la televisión se asumen como propios los principales valores de la sociedad. De forma que si, por ejemplo, nos encontramos en una sociedad altamente competitiva y agresiva, estos valores serán trasmitidos de una forma más o menos velada mediante la televisión y el cine hasta ofrecer a la población un referente al que poder aproximarse y que será considerado como “lo normal”.

ACTUALIZACIÓN:
Con posterioridad a la publicación de este artículo ha aparecido una entrevista con Casey Heynes en la que se habla de este tema.

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¿Qué es el acoso escolar o bullying? Definición y delimitación.

Bullyng - acoso escolar

El acoso escolar, también denominado bullying, es un fenómeno de reciente estudio. Aunque se podría decir aquello de que el colegio ha sido siempre “una ciudad sin ley” entre los alumnos, lo cierto es que hasta que no comenzaron a aparecer en los medios de comunicación los primeros casos de suicidio el problema no fue tomado en serio. La primera vez que se menciona como tema de estudio es por parte del psiquiatra sueco Peter Paul Heinemann (1969), que lo describió como mobbing y lo definió como “la agresión de un grupo de alumnos contra uno de sus miembros que interrumpe las actividades ordinarias del grupo”.
Después de la primera búsqueda de Heinemann ha habido otra serie de intentos de definición teniendo en la que ofrece Dan Olweus (1999) la que ha encontrado mayor consenso por parte de los estudiosos del tema. La definición es la siguiente: “Decimos que un estudiante está siendo intimidado cuando otro estudiante o grupo de estudiantes dicen cosas mezquinas o desagradables, se ríe de él o de ella o le llama por nombres molestos o hirientes. Le ignora completamente, le excluye de su grupo de amigos o le retira de actividades a propósito. Golpea, patea y empuja, o le amenaza, Cuenta mentiras o falsos rumores sobre él o ella, le envía notas hirientes y trata de convencer a los demás para que no se relacionen con él o ella. Acciones como ésas ocurren frecuentemente y es difícil para el estudiante que está siendo intimidado defenderse por sí mismo. También es bullying cuando un estudiante está siendo molestado repetidamente de forma negativa y dañina. Pero no lo podemos llamar bullying cuando alguien se mete con otro de forma amistosa o como en un juego. Tampoco es bullying cuando dos estudiantes de la misma fuerza discuten o pelean.”
Lo primero que podría llamar la atención es lo extenso y lo diverso de esta definición, algo que resulta especialmente curioso si nos damos cuenta de que la esencia de las definiciones es estar orientadas en sentido contrario. Pero el bullying es un fenómeno por el que se daña a otra persona mediante diversos caminos, medios y agentes. Algo que complica hacer una definición reducida y completamente estricta. En España también han existido otra serie de intentos para formular una definición. Entre los más reconocidos esfuerzos por establecer una delimitación están los siguientes:
Díaz Aguado (1996) también menciona una serie de características que suceden en todos los casos de bullying. Algo que no constituye una definición pero ayuda a caracterizar el fenómeno.
1-Es variado: puede implicar burlas, amenazas, intimidaciones, agresiones físicas, etc… Esta característica justificaría en buena medida la necesidad de la extensión de la definición de Dan Olweus y revelaría que lo que subyace a los distintos modos es la voluntariedad de ejercer daño.
2-Es prolongado en el tiempo, con lo que logran un proceso de victimización.
3-Se produce en lugares en los que el agresor y el agredido deben convivir necesariamente.
4-Está provocado por un individuo o grupo de individuos contra los que la víctima se siente indefensa.
5-Es un fenómeno que se repite debido a la ignorancia o a la pasividad de quienes rodean a la víctimas y agresores.
Según la definición de Cerezo Ramírez(1998) el bullying sería la violencia mantenida, mental o física, guiada por un individuo o por un grupo y dirigida contra otro individuo que no es capaz de defenderse a sí mismo en esa situación, y que se desarrolla en el ámbito escolar. En cuanto a esto se podría objetar el circunscribirlo al ámbito escolar porque, si bien el acoso escolar tiene como eje la escuela, éste y sus características no tienen por qué desaparecer una vez traspasados sus límites.
Sanmartín (2005) salva los problemas de delimitación de Cerezo (1998), aunque permanece en la ambigüedad cuando tiene que explicar el fenómeno. Parte de una doble distinción. Primeramente estaría la violencia escolar, que es cualquier comportamiento dañino que se da en el aula, centro escolar, alrededores, actividades extraescolares pero de forma ocasional y, hasta cierto punto, de forma natural. En segundo lugar estaría el acoso escolar, que es una forma de violencia extrema, verdaderamente dañina, persistente, sistemática, opresiva, intimidatoria y, en quién la padece, suele causar exclusión social y otra serie de consecuencias negativas.
Iñaki Piñuel y Araceli Oñate (2005) definen el acoso escolar de la siguiente manera: “Un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objeto de someterlo, apocarlo, asustarlo, amenazarlo y que atentan contra la dignidad del niño.” Así mismo se distinguen dos modalidades: La primera es, el acoso o matonismo, que engloba la violencia física (agresiones) y la intimidación física (amenazas e intimidación). Esta modalidad se daría aproximadamente en un 10% de los casos. En segundo lugar la violencia psicológica, que engloba la violencia verbal (hostigamiento y coacciones) y la violencia social (exclusión social, bloqueo social y manipulación social), El porcentaje general de esta modalidad lo cifran en torno al 90%.
Así mismo Piñuel y Oñate (2006) señalan distintos fenómenos que frecuentemente suele ir unidos al acoso:
1)Síndrome de negación de la institución, donde además se realiza una banalización y trivialización de lo que significa la violencia.
2)Error básico de atribución. Bajo el que se le otorga a la víctima la responsabilidad de lo que ocurre.
3)Un proceso de victimización secundaria del acosado.
4)Pacto de silencio y pacto de mutua indiferencia entre las partes implicadas.
5)Mecanismos grupales de chivo expiatorio para restablecer la unidad del grupo.
Lo que parece claro es que mediante el acoso escolar se pretende establecer una relación de dominio sobre otra persona mediante la violencia. Es por esto que el acoso escolar es susceptible de traspasar los límites escolares y de esta forma haya encontrado nuevas vías en el más reciente ciberbullyng (acoso por medio de internet) o mediante “Dating violence” (acoso entre parejas de adolescentes). El ciberbullyng parecería diverger de una de las características principales que están generalmente asumidas, la de la continuidad en el tiempo. Esto es así porque en cuanto una sola vejación queda en internet se produce un hecho nuevo ya que no es necesario repetir los actos violentos para seguir ejerciendo violencia y dominación. Por este camino un único acto puede seguir haciendo daño de forma continuada.
En el vídeo que hay acontinuación aparece Dan Olweus hablando sobre el fenómeno del bullying.

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Comprender cómo piensa y siente un torturador: "La muerte y la doncella" como ejemplo ilustrativo.

Ben Kingsley en La muerte y la doncella

Entender las motivaciones que pueden llevar a una persona a torturar a sus semejantes no es algo fácil. Aunque todavía resta mucho por investigar, se podría decir que hay una serie de constantes que ya se van mostrando claramente a la hora de comprender a una persona que ha alcanzado esta condición. Unas cuantas de estas características pueden apreciarse en la escena final de la película de Polanski, “La muerte y la doncella” (1994), en donde, mediante el personaje del torturador, se describen varios de los principales elementos de este perfil. Como sólo he podido encontrar el vídeo en la versión original incluyo al final del artículo una traducción junto al texto original que aparece en el diálogo de este fragmento de la película.


Común al sadismo es el hecho de que la situación de indefensión de la víctima siempre motiva especialmente al agresor. Aquí el torturador (representado por Ben Kingsley) lo retrata diciendo: “People lying totally helpless. I didn’t have to be nice!, I didn’t have to seduce them!.” (“Gente yaciendo completamente indefensa. No tenía que ser agradable, no tenía que seducirlas”). Esta sensación de omnipotencia es la que otorga al torturador la capacidad de hacerse un dios y es la que se repite de nuevo aquí: “I had all the power. I could breake anyone. I could make them do or say whatever I wanted.” (“Tenía todo el poder, podría destrozar a cualquiera. Podría hacer o decir lo que quisiese.”). Frecuentemente a estas alturas la curiosidad morbosa ya suele aparecer en el sádico. Una vez que ha dejado patente la dominación necesita nuevos retos. Primero para seguir percibiendo la relación de dominio, pero también para comprobar los poderes omnipotentes de los que dispone. Por ambos caminos se mantiene la emoción (como sucede en “El joven Törless”, la película sobre la novela de Musil), a la vez que esto suele derivarse en una especie de “investigación” que, muchas veces mediante la disección (como en el caso del nazismo), pretende comprender al objeto dominado esperando así hallar una respuesta que llene el vacío de la existencia del torturador. En el caso de esta película el personaje de Kingsley describe literalmente como curiosidad morbosa el origen de sus experimentos.
Pese a que el personaje llega a hacer cosas que ni él mismo pensaba hacer, en todo momento es consciente de que está ejerciendo un mal. Sin embargo la pulsión en la que se halla sumido le resulta tan intensa y agradable que no se reprime a ella. Únicamente busca una solución de compromiso que pueda calmar los débiles llamamientos que a esas alturas le hace su conciencia. En este caso se plasma sabiéndose el último de los que estaban allí en “ceder a la situación” y en que, pese a todo lo que pasó, él tuvo voluntad suficiente como para no dejar que nadie muriese bajo su responsabilidad. Pese a todo claudicó a las “incitaciones” que le hicieron para unirse a la tortura. Es evidente que la sensación se suele manifestar a la mayor parte de la gente de forma muy intensa. Quizás sólo una sensibilidad que propicie la repulsión pueda ser una de las pocas formas de conformar un muro que impida que el individuo se acerque a esta sensación. Explicar el motivo de que una sensación así exista y sea tan intensa no resulta fácil. Podría abordarse desde distintas perspectivas. La filosófica, al religiosa, etc... Si lo consideramos desde un punto de vista “evolutivo” cabría suponer que es una desviación de las ansias internas del ser humano (unirse a los demás, ser respetado, hacerse un dios en vez de adorarlo, etc…). De este modo se resuelven en alguna medida las ansias de realización personal. Es por esto que resulta lógico que posea un carácter “adictivo” (también desde un punto de neurofisiológico), ya que ofrece una solución a los anhelos más básicos de la persona. Pero debería de seguirse comprendiendo como desviación porque es contrario, no sólo al desarrollo de los demás, sino también al propio. En última instancia el objetivo final de llevar un camino semejante es la destrucción total de todo y de todos.
Finalmente siempre estará la pregunta del ¿por qué?, ¿por qué es posible que entre las reglas de juego se encuentren unas que permiten a las personas funcionar de semejante manera? Quizás se haría entonces más necesario afrontar la cuestión desde las otras disciplinas que comentaba (religión, filosofía, etc...) para buscar una explicación global, y no meramente descriptiva, de esta situación.

Diálogo original

Woman: “We’re going to end it here. Look at me. Isn’t it bright enough to see me? Don’t you know me? Didn’t you tell me your ugly thoughts? Didn’t you tell me your secrets?”
Man: Yes
Woman: “Didn’t you rape me? Didn’t you put your cock in me?”
Man: Yes
Woman:“How many times?”
Man: “Many times, I raped you many times. Fourteen times. Yes I played music. I wanted to soothe you. I was good at first. It took weeks. I was strong. I fought it so hard. No one fought as hard as I did. I was the last one. The last one to have a taste. No one died I swear. I saved many. And I made it easier on them. That’s how it started. That’s how I got into it. They needed doctors. My brother was in the secret police. He told me they needed someone to make sure that nobody died. I washed you. You soiled yourself. You told me ‘I’m dirty’ and I washed you. The others egged me on. ‘Come on doctor you’re not going to refuse free meat are you?’ I couldn’t think straight. And inside I could feel I was starting to like it. They laid people out. Flesh on the table. And the fluorescent light. You didn’t know. It was bright in those rooms. People lying totally helpless. I didn’t have to be nice! I didn’t have to seduce them! I realized I didn’t have to be nice to them. I had all the power. I could break anyone. I could make them do or say whatever I wanted. I liked being naked. I would let my pants fall, so you could hear what I was doing. I liked you. I liked you knowing what I was going to do. I was naked in the bright light. You couldn’t see me, tell me what to do. I owned you. I owned all of them. I fell in love with it. I could hurt you or I could fuck you. You couldn’t tell me not to. You had to thank me. I loved it. I was sorry it ended. I was very sorry it ended.


Traducción del diálogo original

Mujer: "Vamos a terminar aquí. Mírame. ¿No es suficientemente brillante como para verme? ¿No me conoces? ¿No me dirás tus sucios pensamientos? ¿No me dirás tus secretos?
Hombre: Sí
Mujer: "¿No me violaste? ¿No pusiste tu polla dentro de mí?"
Hombre: Sí
Mujer: "¿Cuántas veces?"
Hombre: "Muchas veces, te violé muchas veces. Catorce veces. Sí ponía música. Quería aliviarte. Yo era bueno al principio. Me llevó semanas. Yo era fuerte. Luché duramente. Nadie ha luchado tan duro como yo lo hice. Fui el último. El último en probarlo. Nadie murió, lo juro. Salvé a muchos. Y se lo puse más fácil. Así es como empezó. Así es como me metí en ello. Ellos necesitaban médicos. Mi hermano estaba en la policía secreta. Me dijo que necesitaba a alguien para asegurarse de que nadie muriera. Te lavé. Te ensuciabas tú sola. Me dijiste “estoy sucia” y te lavé. Los otros me incitaban: "Vamos doctor no va a rechazar carne gratis, ¿verdad? No podía pensar con claridad. Y dentro de mí sentía que estaba empezando a gustarme. Pusieron a la gente. Era carne sobre la mesa. Y la luz fluorescente. No lo sabrías. Había “luz” en aquellas habitaciones. La gente yacía completamente indefensa. No necesitaba ser agradable. No necesitaba seducirlas. Me di cuenta de que no tenía que ser amable con ellos. Yo tenía todo el poder. Podría romper a cualquiera. Podría hacerles hacer o decir cualquier cosa que quisiese. Me gustaba estar desnudo. Dejaba caer mis pantalones para que pudieses oír lo que estaba haciendo. Te gustó. Me gustaba que supieses lo que iba a hacer. Estaba desnudo bajo la luz brillante. No podías verme, decirme qué hacer. Te poseía. Los poseía a todos. Adoraba aquello. Podría hacerte daño o follarte. No podrías decirme que no. Tenías que agradecérmelo. Lo adoraba. Siento que haya terminado. Siento mucho que haya terminado.

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El experimento psicológico científico y su valor: Crítica al "Experimento Milgram" y al "Experimento de la cárcel de Stanford".

Experimento científico

Erich Fromm plantea la necesidad de prescindir de los experimentos psicológicos tradicionales. Esto es, los realizados con premeditación en unas supuestas condiciones de aislamiento. Los motivos fundamentales esgrimidos son que en la vida real ya hay suficientes datos susceptibles de ser interpretados y que, en realidad, la supuesta neutralidad de los experimentos psicológicos tradicionales no es tal. Así pues se establecerá el término experimento “in vivo” para denotar a las interpretaciones psicológicas de sucesos que hayan sucedido y experimento “in vitro” para las pruebas tradicionales en las que se pretende crear una situación artificial que intente dilucidar una cuestión psicológica en condiciones de aislamiento.
La crítica de Fromm hacia los experimentos psicológicos tradicionales parte de que pretenden imitar y conseguir el prestigio del método científico. Para ello en muchas ocasiones se les reviste de complejas e importantes representaciones matemáticas que a fin de cuentas no añaden verdaderas interpretaciones de valor pero que sí que sirven para que el trabajo obtenga el disfraz científico y su consiguiente prestigio. Teniendo en cuenta que pocas personas de las sociedades occidentales actuales se atreverían a llevar la contraria a algo que estuviese plenamente amparado por la ciencia es pues de esperar una tendencia a la afirmación de las conclusiones del trabajo sin una crítica humanista realmente profunda. Para demostrar estas observaciones se partirá de los famosos experimentos de Milgram y de la cárcel de Stanford.
El experimento Milgram resulta muy interesante, no solo como vinculación del ser humano a la obediencia y a la conformidad, sino también para comprender la crueldad y destructividad humana. Pero, a poco que nos pongamos a pensar, comprobaremos que es una situación similar a la que se vieron avocados los generales que fueron sentenciados en Núremberg como criminales de guerra.
Lo sorprendente del experimento no es tanto el alto grado de obediencia como el 35% que, en esas circunstancias, se negaron a obedecer. Milgram esperaba que no hubiese tantos individuos que se sometiesen tan “fácilmente” pero no consideró que la forma habitual de las personas de afrontar los conflictos no es enfrentándose a ellos, sino obviándolos. Lo que realmente ocurre es que la racionalización del conflicto al que se ve abocado el experimentado por el experimentador se acaba mostrando como, por ejemplo, una mayor tensión fatigosa o como la aparición de procesos neuróticos (por desgracia Milgram no proporciona datos sobre los sujetos que se mantuvieron calmados durante el experimento).
Así pues el resultado principal del estudio del Milgram parece ser uno en el que no insiste: “la presencia en muchos individuos de la conciencia y el dolor cuando la obediencia los hacía obrar contra su conciencia.” Además Milgram supone que los sujetos se encuentran entre la espada y la pared respecto a la obediencia y a lo que le enseñaron de pequeños, que es a no hacer daño. Pero en realidad eso se enseña en el catecismo o quedándose en simples palabras porque en la vida real hay el individuo tendrá que hacer daño para conseguir sus propios fines. Resulta entonces evidente que no existe el dilema que se suponía para los sujetos experimentados.
Aunque la explicación fundamental que se dio fue la obediencia hay que comprender que también podría darse el caso de que fuesen personas tan enajenadas o narcisistas que no supiesen ponerse en el lugar de la persona que sufría. En ambas situaciones el resultado sería idéntico (la conformidad u obediencia) pero las motivaciones serían completamente distintas.
En cuanto al llamado “experimento de la cárcel de Stanford” hay que recordar que los métodos empleados fueron de humillación y degradación grave y sistemática. Esto fue debido no sólo al comportamiento de los guardianes, también debido a las reglas de los experimentadores.
La primera crítica que se le podría hacer es que con el término “prisión” se da a entender que todas son así. Aunque hay algunas prisiones federales en Estados Unidos que no son tan malas como la del simulacro. Por otra parte hay una continua falta de precisión en los datos que se dan del experimento, cosa más lamentable en cuanto se presenta como tesis principal del experimento. Y no sólo no es preciso, tampoco busca la extrapolación ya que no comprueba los resultados con situaciones carcelarias del mismo tipo
Pero la falta de rigor no termina aquí ya que los presos estaban confundidos porque lo que se le había puesto en el contrato y lo que se encontraron difería. Incluso es inesperada la aparición de la policía por sorpresa. El informe demuestra que las personas que se prestaron como voluntarios no sabían que su detención tenía que ver con el experimento (la policía no suele actuar en temas de experimentos). Los autores no hacen ninguna mención a las posibilidades de los presos de salir voluntariamente de la prisión. Según parece se les dio la impresión de que sólo un tribunal los podría dejar salir.
Hay que señalar que los datos obtenidos “in vivo” en los campos de concentración parecen refutar la tesis principal de Haney, Banks y Zimbardo que postula que los valores, la ética y las convicciones del individuo no modifican en nada la influencia constringente del medio. B. Bettelheim (1960) muestra mediante las experiencias en los campos de concentración nazis que el sentido de la identidad y dignidad del miembro corriente de la clase media es su posición social y su prestigio. Desaparecidos estos puntales cae completamente. En aquél entonces estas personas, presos no políticos de clase media, estaban tan desmoralizadas que por eso se hicieron esclavos o espías de las SS. Es importante destacar que estas personas no sabían por qué estaba allí ya que suponían que la sociedad sólo castigaba a los criminales y pensaban que ellos no lo eran. En cambio los Testigos de Jehová que fueron enviados a campos sufrieron menos las consecuencias y se mantuvieron íntegros gracias a sus rígidas creencias religiosas. Este hecho contradice las tesis conductistas que Haney y otros que trataron de demostrar en el experimento Stanford.
Viendo cómo nos ilustran estos dos experimentos psicológicos podremos comprender mejor que una situación creada artificialmente hace tender inevitablemente a la deformación. El experimentador, al crear una realidad ficticia es el que supone la realidad para el experimentado bajo una influencia hipnoide. Aparte de que en los experimentos artificiales se informa mal o se les miente, lo que ya pone de manifiesto su falta de realidad desde un principio. También hay que considerar que hay procesos que sólo se dan en las situaciones reales. En momentos así el ser humano puede movilizar una serie de fuerzas que no hará bajo circunstancias normales. Por supuesto, si es consciente de que se encuentra en una situación de experimento ya no habrá casi ninguna posibilidad de que esto suceda. Finalmente hay que comprender el atentado que muchas veces supone para la salud y la dignidad de la persona el verse sometida a experimentos que bajo el citado disfraz científico no tienen como objetivo la verdad sino que se alimentan de otras intenciones más oscuras. Algo no tan distinto a la reciente banalización del experimento Milgram que se ha dado hace pocos meses en la televisión francesa con “Le Jeu de la mort” (El juego de la muerte). Después de todo de nuevo el “intocable paradigma científico” justifica cualquier barbaridad.

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La concientización de Paulo Freire en la psicología social: Hacia una comprensión global de la disciplina.

Paulo Freire

Es necesario aclarar que la cuestión no es preguntarse qué puede hacer cada uno con la psicología, sino saber hasta dónde puede llegar el quehacer psicológico. Partiendo de esta premisa podremos adentrarnos en el verdadero significado y en las posibilidades que permite la psicología.
Observando en lo orígenes de la psicología podremos comprobar como la dirección principal ha sido circunscribir la disciplina al estudio de la conducta para, desde ahí, intentar descifrar lo que se halla dentro de la conciencia humana. La cuestión es que la conciencia no se encuentra únicamente formada por la forma personal de sentir y conocer de cada uno sino que, por el contrario, en ella reside también el impacto del reflejo de lo que es su ser y su hacer en sociedad. En esta comprensión de la conciencia se entroncaría con la “conciencia colectiva” de Durkheim. De esta manera, por ejemplo, aprender ya no es elaborar una serie de estímulos y respuestas, sino que supone la estructuración de una persona en su medio, que es en el que queda configurado su mundo.
A estas alturas comprenderemos que el concepto de “concientización” de Paulo Freire resulta básico para esta nueva perspectiva de la psicología. Freire formuló el concepto de “concientización” para describir el proceso de transformación personal y social que experimentan los oprimidos cuando se “alfabetizan” en su dialéctica con el mundo. Se hace necesario matizar que en este contexto la “alfabetización” supone saber comprender y recrear interna y personalmente la realidad al tiempo que se transforma. Esta progresiva interpretación y transformación del mundo que se da por parte del ser humano conlleva, al ampliar las miras, una liberación de las “cadenas opresoras” que constriñen la comprensión de la realidad al tiempo que se consigue un encuentro consigo mismo mediante la progresiva humanización.
Una vez aplicado el concepto de concientización a la psicología comprenderemos que el quehacer psicológico debe buscar la desalienación (tanto de personas como de grupos) para conseguir un saber crítico sobre uno mismo y sobre la realidad. En este sentido hay que apercibirse de que históricamente la psicología ha tratado los mecanismos que llevan a la persona a comportarse de forma enajenada pero ha marginado la enajenación social en el sentido de negar u obviar la comprensión de los factores que terminan convirtiendo a cada persona en opresor u oprimido. Por supuesto esta visión de la psicología no descarta el típico y tradicional análisis de la conducta, lo que hace es trascenderlo y completarlo mediante una comprensión global.

Artículo vinculado: Paulo Freire: "Pedagogía del oprimido".

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Teorías psicológicas de la agresión y la violencia: Una aproximación a las principales posturas contemporáneas.

El origen de las preocupaciones de los psicólogos por la cuestión de la agresividad comienza en la época moderna con William James (S. XIX). Para 1908 McDougall comenzó a designar el problema bajo el ropaje del “instinto” y, poco después, Freud lo consideró como un instinto biológico. En 1939 volvió a ponerse de actualidad gracias al grupo de psicólogos de Yale (Dollard, Doob, Milller, Mowrer y Sears).
Buss, en 1969, y Feshbach, en 1970, establecen la dicotomía agresión-enfado, que se inicia con cualquier estímulo que provoca enfado y que supone siempre un intento de hacer sufrir a la víctima, y de la agresión instrumental, que se inicia con la presencia de un reforzador que es poseído por la víctima. En este último tipo de agresión no tiene por qué existir enfado. El agresor actúa por un deseo de ganar la competición y obtener un refuerzo. Para explicar esto se han postulado dos grandes clases de teorías. Primeramente aparece es el grupo de las teorías activas. Éstas se basan en una agresividad innata y consustancial a los individuos. Sus defensores suelen ser bastante pesimistas a la hora de dar solución a los problemas de guerras y violencia. En un segundo grupo estarían las teorías reactivas que se caracterizan por situar el origen de la agresión en el medio ambiente que rodea al individuo y perciben ésta como una reacción de emergencia ante los elementos externos hostiles.
Entre las teorías activas hay que destacar a la teoría psicoanalítica que establece que la agresión se produce como resultado de un instinto de muerte. Utiliza un modelo hidráulico para explicar la personalidad. Hoy en día es contemplada por escepticismo por muchos psicólogos. Otra de las teorías activas proviene de Lorenz y Tinbergen que, partiendo de la conducta animal, buscan generalizar sus resultados al ser humano. Postulan que la agresión puede darse de manera regular ya que hay mecanismos de “carga y descarga” que funcionan regularmente. Eibl-Eibesfeldt comparte estos razonamientos afirmando que el comportamiento preprogramado se encuentra en las esferas motora, receptiva y probablemente también en la impulsiva. Todo ello es debido a las adaptaciones filogenéticas.
En los últimos tiempos se tiende a no creer en esta agresividad innata. Scherer (1975) y Montagu (1978) son algunos de los que han criticado la existencia de impulsos agresivos en el ser humano.
Entre las teorías reactivas hay que destacar la teoría de la frustración-agresión que postula la motivación de la agresión en la interferencia del entorno en los objetivos del sujeto. Su origen se basa en el conductismo y se centra en el grupo de Yale de 1939. Feshbach y Berkowitz la reelaboraron con posterioridad y después ha terminado siendo defendida por un gran número de psicólogos.
La explicación del modelo catárquico se debe más a John Dollard y al grupo de Yale que a lo que hizo Freud. Sostienen que mediante la catarsis disminuye la expresión de la agresividad posterior pero Dollard reemplazó el componente instintivo por fuerzas impulsivas dando lugar a nuevas elaboraciones de la teoría catárquica. Bandura mediante una serie de experimentos demostró que la agresión es únicamente una de las muchas formas que puede tener la frustración.
Existen muchos problemas para determinar una supuesta fuente del caudal agresivo. Schere buscó determinar el origen en un arousal emocional pero esto finalmente no ha quedado suficientemente claro. En la teoría de la frustración-agresión se postula que el arousal emocional proviene de las frustraciones emocionales que son las que generan la suficiente energía como para que sea canalizada en la agresividad. Berkowitz hace una modificación de esta teoría sugiriendo que son las reacciones emocionales las que propician la agresión, al tiempo que rechaza la teoría de la catarsis.
La teoría del aprendizaje social (también reactiva) sostiene que las nuevas conductas agresivas pueden darse por la imitación de modelos agresivos. El reforzamiento directo es algo básico para este tipo de conductas. Según Dolf Zillman (“Hostilidad y agresión”, 1979) la única forma de combatir la conducta agresiva es privarla de su utilidad. Entonces para reducir esta equivalencia hay que mitigar los incentivos de la conducta agresiva a la par que se distribuyen equitativamente comodidades y servicios.

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Erich Fromm: El síndrome de "violación y saqueo"

El síndrome de “violación y saqueo” es una denominación creada por Erich Fromm. Tiene como peculiaridad el ser una expresión sádica que no se limita simplemente a violar, sino que todo constituye un conjunto, de ahí el nombre que intenta representarlo. Aunque puede darse en más casos es frecuente que durante muchos conflictos armados los soldados encuentren las circunstancias necesarias que lo permitan (violación de Nankín por las tropas japonesas, toma de Berlín por los rusos, etc…). Los elementos comunes son la violación, el saqueo y la destrucción de todo cuanto se pone por delante bajo un frenesí que es difícilmente controlable.
Lo primero que es llamativo es el comportamiento con las mujeres, que suele ser de marcada connotación de ostentación. No es sólo el hecho en sí, es también el dejar bien claro la dominación que se hace de la víctima por parte del agresor. Es importante además que generalmente ninguna mujer de ninguna condición (guapas, feas, viejas, jóvenes, etc…) se libra cuando esa situación sucede. Por otro lado, lo que los soldados no consiguen robar lo destruyen, ensucian o lo marcan con alguna huella de su paso. Lo común es que los soldados no queden indiferentes ante nada que esté a su alcance cuando se encuentran en esa situación.
El núcleo del caso del sadismo comentado parece estar en la sensación de poder absoluto e ilimitado sobre personas y cosas. Al violar a las mujeres se establece la dominación sobre todo lo vivo, porque las mujeres no son sólo las víctimas, también lo son sus padres, maridos, hijos,… que quedan en una situación de impotencia al no haberlas podido defender. Por otro lado el saquear y destruir se constituye una relación de dominio sobre las cosas, el agresor las termina marcando con su propio ego. Se puede decir que el agresor, en cierto modo, se inmortaliza y domina a través de acción.
¿Qué se consigue con la experiencia de dominio? Antes de nada una sensación fisiológica en forma de intenso placer morboso, que es lo que lo principalmente lo motiva, pero también se da una forma de superar las limitaciones existenciales de la persona ya que mediante la dominación el sádico deja de estar aislado del mundo y se funde con alguien, se convierte en un ser omnipotente, un dios. De esta forma el agresor puede resolver sus propios conflictos. Es relevante que en las clases más adelantadas cultural y económicamente se encuentra mucho menos sadismo que en las clases atrasadas. Si una persona tiene pocas satisfacciones genuinas en su vida la alternativa sádica se le presenta como una solución fácil y rápida para aliviar sus problemas. Así la persona mermada que es se torna de don nadie a rey de una banda linchadora. Además el sádico suele ser inconsciente del carácter de su comportamiento, fácilmente elaborará algún tipo de justificación que aparente ser racional y que legitime sus actos.
Por supuesto esta “violación y saqueo” no es más que una situación en la que se puede dar el poder sádico. Lo esencial es que exista una relación de poder sobre otra persona y algún “actor” pueda representar el papel de tirano. Puede ser un maestro, un médico, un profesor, un policía,…. ni siquiera es necesario que el grado de poder sea demasiado, lo que vuelve a recordarnos la tremenda atracción que tiene esta vía.

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Lo falso del instinto de muerte (Thanathos) de Freud

Hernández Peón fue un neurofisiólogo que pudo demostrar que existen centros inhibidores y excitadores de la agresividad, lo que anularía la posible existencia de una autoexcitación agresiva espontánea o un aumento progresivo de la misma. Este hecho sería suficiente para invalidar la teoría de Freud sobre lo que él llamó impulso de muerte (o Thanathos) que suponía un instinto innato al ser humano para la destructividad y la necesidad de buscar objetos para aliviar esta supuesta pulsión
Aunque en el animal la agresividad sólo aparece cuando se ataca de una forma directa sus intereses vitales (comida, reproducción, etc…), en el hombre estos intereses vitales son muchos más amplios. El motivo es que el hombre puede establecer abstracciones sobre lo que son sus intereses vitales y proyectarlos en otros elementos externos a él. Por ejemplo una persona puede construirse una ideología (verdadera o falsa) y una vez que la ha maximizado lo suficiente como para que ésta suponga buena parte de los cimientos de su vida es fácil que sienta violados sus intereses vitales si percibe que algo pone en riesgo esta ideología que se ha construido.
Aunque la teoría del instinto de muerte de Freud ha quedado contradicha todavía sigue teniendo muchos adeptos ya que supone una aparente justificación intelectual de la existencia de la violencia innata en el hombre y, por tanto, en toda la sociedad.

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