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La teoría de las diez mil (¡10.000!) horas para llegar a ser experto en una disciplina

La teoría de las diez mil horas sostiene que aproximadamente es necesaria esta cantidad de tiempo para lograr el nivel de experto en una disciplina. Tanto da que sea ajedrez, música, un deporte,… siempre serán necesarias unas tres horas al día durante diez años para conseguir este nivel que se podría llamar de élite.
La base parece estar en que el aprendizaje necesita una asimilación y consolidación del tejido neuronal para que con el aumento de práctica se generen un mayor número de huellas neuronales. Unido a esto también se ha mostrado como el ejercicio en una disciplina puede suponer el incremento del tamaño de la parte del cerebro correspondiente a la zona ejercitada.
Naturalmente la teoría no se puede ceñir únicamente al tiempo porque si no se presta verdadera atención al ejercicio los efectos son considerablemente menores. Podría decirse que el interés conduce a una mayor atención y consecuentemente se producen las reacciones necesarias como para poder ir cambiando de niveles y que ello se vea representado por cambios neuroquímicos claros como puede ser la liberación de la dopamina que ayudará a que la huella mnemotécnica sea más intensa.

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La cacidad para la música y las zonas del cerebro que intervienen

Escuchar música es un proceso que comienza con estructuras situadas debajo del córtex: núcleos cocleares, el tronco cerebral y el cerebelo. Posteriormente asciende al córtex auditivo de ambos lados del cerebro. Si pretendemos seguir música de algún estilo que conozcamos se necesitará el uso de otras regiones como el hipocampo o el lóbulo frontal (especialmente el córtex frontal superior).
Interpretar música necesita también de los lóbulos frontales para la planificación de la conducta, así como del córtex motriz del lóbulo parietal y del córtex sensorial, que es el que proporciona las señales de vuelta de los estímulos táctiles tan necesarios para saber que se ha ejecutado el movimiento correcto.
Leer música necesita además de la participación del córtex visual que está en el lóbulo occipital (detrás de la cabeza). Si además hay que escuchar o recordar letras es necesario emplear los centros del lenguaje. En cualquier caso no debe de olvidarse que no existe una zona exclusivamente dedicada al lenguaje como no existe una zona exclusivamente dedicada a la música.

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