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La violencia como motivo y origen de los vegetarianos

Lisa Simpson vegetarianaLos vegetarianos han existido y seguirán existiendo. Si bien lo común es el rechazo a comer carne animal, no todos llegan a esta afirmación por el mismo camino. Existen grupos que consideran pernicioso para la salud comer esta clase de alimentos, otros a los que les resulta irrespetuoso con los animales (veganismo), etc… Pero lo que llama la atención es que un porcentaje importante de personas confluyen en esta práctica de un modo irreflexivo. Es decir, el disgusto a la comida de origen animal precede al razonamiento con el que justifican su postura. Este pre-juicio (dicho como idea pre-concebida) es un indicador de que el posicionamiento del individuo viene determinado por lo que le dicta su inconsciente. El caso del vegetarianismo de Hitler es conocido y, aunque quizá no sea el mejor ejemplo debido a las connotaciones negativas, puede servir para comprender a muchos vegetarianos que sienten una repulsión natural hacia la carne.
Hitler dejó de comer carne poco después del suicidio de Geli Raubal, su medio-sobrina con la que había mantenido practicas ominosas que casi con certeza eran principalmente de carácter sexual. El comportamiento de Hitler por estas fechas demuestra que sentía un cierto grado de culpabilidad por el fallecimiento de Raubal. Hacerse vegetariano le suponía impedir el tener que revivir el conflicto y percibirse a sí mismo como un asesino, al tiempo que también suponía un sacrificio espiritual con el que aplacaba su culpa. Curiosamente ofrecía carne a los demás, aunque él se negaba a probarla. Algo que lo separara de muchos vegetarianos que se niegan a consumir carne pero también desaprueban su consumo. En el caso de Hitler se podría decir que el conflicto no era con la idea de matar a alguien (ser humano o animal), sino con el hecho de hacerlo él mismo por medio de un contacto físico. Algo que también concuerda con la circunstancia de que siempre se negó a estar presente en cualquier clase de ejecución. Incluso cuando sus generales buscaron por todos los medios que presenciase lo que pasaba en el frente después de la derrota de Stalingrado, él siguió negándose.
Bien, Hitler puede no ser el mejor ejemplo, pero sí que es una muestra de cómo el inconsciente puede re-dirigir el comportamiento de una persona para evitar que se enfrente de nuevo con la evocación de la violencia o de un suceso violento. Si retomamos el mencionado caso de las personas que optan por ser vegetarianas antes de hacer ninguna clase de reflexión personal, observaremos cómo en muchos casos evitar revivir un episodio violento es lo que se encuentra detrás de su decisión y posterior racionalización. En los músicos encontramos casi siempre una vinculación a hechos dolorosos que fácilmente pueden tener un origen violento. Así no es de extrañar que músicos populares como Paul McCartney o Morrissey sean orgullosos y declarados vegetarianos. En el caso de McCartney parece que esta circunstancia le llevó además a la búsqueda de una justificación racional y a una demostración pública de que el vegetarianismo como modo de vida es sano, ético y recomendable para todos. Algo que quiso plasmar en el patrocinio que ejerció sobre un equipo ciclista que tenía como principal característica el alimentarse exclusivamente de forma vegetariana. En el caso de Morrissey observamos un comportamiento altamente neurótico (en muchas ocasiones sólo se relacionaba con los demás por medio de fax) que es un reflejo de la violencia padecida y que, con mucha probabilidad, buscó reprimir haciéndose vegetariano.

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Bullying: El perfil común del acosador escolar

El acosador escolar en el bullyingSi bien los acosadores adolescentes se encuentran en posición de discernir entre el bien y el mal, cosa que los obliga a asumir la parte principal de responsabilidad, también es necesario resaltar que no se debe de focalizar todas las culpas únicamente en ellos. Esto es así porque no sólo ellos fracasan, también el sistema educativo que debía de haberlos guiado.
En el perfil más común del acosador tenemos a un adolescente que no ha encontrado un verdadero camino con el que realizarse como persona y que busca una salida fácil a su propio conflicto mediante el hostigamiento. Tiende a proceder de hogares en los que hay una falta de cariño entre los miembros de la familia y en los que la agresividad es marcada de una u otra manera, con lo que el niño fácilmente puede desarrollar la habitual ira incontrolada además del común carácter violento que, además, va unido a una baja tolerancia a la frustración (Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, 2006). Esta vinculación con la violencia hace que perciba las relaciones humanas bajo la relación de poder o de sumisión y que su distorsión cognitiva sea vea alterada ya que, al sentirse fácilmente amenazado por su entorno, justificará sus agresiones desde esta percepción. Un razonamiento similar al que usaba Hitler para justificar la necesidad de la guerra, porque, a su modo de ver, si su país no atacaba se vería inevitablemente sometido por enemigos que no existían más que en su mente. Lo mismo podría decirse de la más reciente justificación norteamericana de “guerra preventiva”. Visto lo anterior el acosador intentará evitar las situaciones de aislamiento o de soledad ante sus compañeros y se centrará en procurar dominarlos (Olweus, 1993).
En la clase de hogares descrita también suele haber permisividad o indiferencia respecto al comportamiento del niño, hasta el punto de mantenerlo en una situación de semiabandono. Recordemos que anteriormente ya se aludió a que el simple hecho de que un adolescente pase varias horas al día viendo la televisión ya le supone una alta probabilidad de ver aumentado su nivel de agresividad. Es por esto que la falta de presencia real de los padres supone a los adolescentes un desconocimiento del significado de la autoridad y del sentido de la responsabilidad (frecuentemente suelen culpar a los demás de sus propios errores). En el tema de la autoridad hay que matizar la diferencia entre autoridad moral y el autoritarismo. Mientras que el segundo concepto se basa en la imposición de criterios no justificados y, por lo tanto, fluye en una única dirección; la verdadera autoridad supone una bidireccionalidad mediante la que el paciente (el niño) reconoce el mayor desarrollo personal del agente (los padres) y voluntariamente cede una parte de su autonomía porque es consciente de que es lo adecuado tanto desde el punto de vista moral como desde el lado práctico. Si las situaciones de autoritarismo son nefastas y tienden a producir niños rebeldes, la ausencia de autoridad paternal puede suponer la indiferencia hacia las normas de convivencia. Ciertamente el niño puede comprender que existen una serie de normas sociales bajo las que debe de desenvolverse, pero no las tendrá interiorizadas. Es por esto que en un contexto puede asumirlas de cara a los demás pero, en cuanto se sienta impune, preferirá primar sus propias apetencias. Esta oscilación es similar al comportamiento de muchos torturadores adultos que, siendo correctos padres de familia, pueden infringir daño de forma deliberada y al poco rato retomar su vida familiar como si no hubiese sucedido nada. También en ambos casos se da un baja empatía hacia los demás. Actitud ésta que es constante entre los niños acosadores y que suele ser proporcional al nivel de agresividad. Es decir, a menor empatía mayor nivel de agresividad (María Victoria Trianes Torres, 2000).
Hay que tener en cuenta que el acosador, merced a su condición, se sitúa en una posición de líder grupal. Es decir, él suele llevar alguna clase de iniciativa en la situación en la que se desarrolla el acoso. Para esto se hace necesario un no poco frecuente alto nivel de autoestima (Batsche y Knoff, 1994) o, cuando menos, un nivel próximo a los promedios de una persona común. En cualquier caso será muy improbable que la autoestima sea realmente baja durante un periodo de tiempo prolongado. Es por esto que, pese a poder tener alguna clase de complejos, buscará resolverlos autoafirmándose.
Es común que los acosadores tengan más posibilidades de entrar en el mundo de las drogas blandas (tabaco, alcohol,..) y, casi siempre, repiten o han repetido algún curso. Así mismo el acosador adolescente empieza un camino en el que aumentan sus posibilidades de entrar en el campo de violencia cuando llegue a ser adulto. Según José María Avilés Martínez (2002) una cuarta parte del total terminará con algún tipo de problema con la justicia. Kiyonaga, Mugishima y Takahashi (1985,1986) y Mugishima, Kiyonaga y Takahashi (1985) han encontrado una vinculación directa entre la clase de maltrato de los agresores y el tipo de delincuencia que ejercerán en el futuro. Así resulta frecuente que los acosadores, como también señala David Harrington, repitan su comportamiento en el ámbito familiar (violencia de género, violencia hacia los hijos, etc...) o en el laboral (mobbing).

Nota: En el 2006 El País publicó un artículo de Patricia Ortega Dolz que, en su momento, fue muy polémico pero que, sin embargo, resulta interesante para ilustrar algunos de los rasgos aquí mencionados. Su título era: “Soy de los que pegan”.

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Enfermedades psicológicas frecuentes en filósofos

No olvidemos que los deseos metafísicos o los de carácter más mundano que tienen los filósofos muchas veces tienen su origen en distintos problemas psicológicos. También sucede a la inversa, un problema intelectual deriva es desvaríos psicológicos. Esto es porque un verdadero filósofo trabaja sobre sí mismo, por lo tanto los trastornos que conciernen al yo tenderán a ser los más comunes entre este gremio. Encontramos unas cuantas variedades evidentes.
La melancolía es la primera. Reflexionar sobre la muerte, la condición humana o temas similares es algo que fácilmente lleva a un estado de tristeza, que puede llegar a ser temporal o crónico. Heráclito podría ser el primer afligido. Al final de su vida, asqueado por el vicio de sus conciudadanos de Éfeso, se convirtió en un misántropo. El estado incompleto o caótico de algunas de sus obras es achacado por Teofrasto a este sentimiento que lo dominaba. Hanna Arendt es más directa y clara. Literalmente dice “A mi modo soy una melancólica, de lo que sólo me puedo librar pensando.”. Walter Benjamin se delata rápidamente ya que suele aparecer en las fotos con la mirada baja y aspecto melancólico.
La oscilación maniaco-depresiva se refiere al que pasa desde fases de fuerte exaltación a la más profunda depresión. Auguste Comte es un buen representante de este trastorno, después de ser engañado por su mujer, se exalta asustándola. Le clava un tenedor en la mejilla a un criado y, meses después, vive en un estado casi vegetativo.
La ansiedad aparece históricamente confundida ya que se ha usado melancolía para los casos de ansiedad y de la propia melancolía. Podemos describir a varios filósofos que claramente caen en estado ansioso. Kierkegaard se ve en tal estado de ansiedad y melancolía que admite la necesidad de una visión psiquiátrica. Se describe así: “Desde muy joven he estado bajo el efecto de una inmensa melancolía cuya profundidad encuentra su única expresión verdadera en la facultad, que me ha sido concedida en grado igualmente inmenso, de disimularla bajo la apariencia y el gozo de vivir.” Hegel se confiesa: “Soy un hombre ansioso”. Schopenhauer neurótico desde la muerte de su padre es misántropo, misógino, depresivo,… Dice: “Heredé de mi padre una angustia que maldigo y combato con todas mis fuerzas. Esta angustia se apodera de mí, a veces por una nadería, con tal brutalidad que veo como algo realizado, una catástrofe simplemente posible, incluso apenas pensable.” Hobbes, que duerme con dos pistolas cargadas por miedo a las agresiones, confiesa que “el miedo y yo nacimos gemelos” en alusión a su nacimiento prematuro motivado por las tropas de la armada española.
Entre los fóbicos sociales tenemos a Tomás de Aquino que huye de sus semejantes. Para decir misa llega antes a la iglesia que todo el mundo y se retiraba deprisa por miedo a ser visto por los demás. Descartes hace lo posible para que no lo encuentren, por ejemplo cambiando continuamente de domicilio.
En la hipocondría podríamos ver una lista en la que estarían incluidos Erasmo, Voltaire o Kant. Éste último describe el fenómeno: “El hipocondríaco imagina que padece de todas las enfermedades que ha oído hablar.”
Con los trastornos disociativos nos referimos a los estados de conciencia alterados, despersonalización, etc... En el ejemplo de Platón, que sólo filosofa personalizado en Sócrates, podríamos tener ya un caso.
En los trastornos de la personalidad el enfermo sigue siendo él mismo, pero con mucho sufrimiento. La megalomanía suele ser un caso habitual para este apartado. El filósofo de turno se piensa que es más de lo que es. Entre hablar con Dios y hablar como si se fuese Dios no hay mucha distancia. Giordano Bruno o Abelardo son ejemplos de este caso. Este último decía: “Consideraba que era el único filósofo del mundo.”.Rousseau pertenece a otra variante, es un paranoico perdido. Cuando es célebre en 1761 imagina que los jesuitas van a interponerse en su Emilio. Para él hay un complot “Los magistrados me odian (…) Los filósofos a los que he desenmascarado, quieren perderme a cualquier precio y lo conseguirán (…) los sacerdotes, vendidos a los filósofos me hostigan (…) Los autores me plagian y me censuran.” Schelling tiene neurosis de todo tipo. Es extremadamente susceptible, se pelea con sus maestros, con sus compañeros, con sus alumnos,…un temperamento ciclotímico unido a la fobia al ruido.

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