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Psicoanálisis de Adolf Hitler (parte 3): Vagabundo en Múnich después de ser estudiante en Viena.

Hitler joven
Una vez llegó a Viena para hacer vida de estudiante se sintió completamente a su antojo. Ya no tenía ni siquiera la constricción de su madre o de su hermana y disponía de todo el tiempo para hacer lo que realmente quería, o lo que es lo mismo, lo que se le antojase en cada momento. Esto derivó en un nuevo fracaso en los exámenes ya que no se esforzó suficientemente. Entonces volvió a buscar la soledad y los juegos en su mundo de fantasía. Rechazó a Kubizek, lo más cercano que por entonces tenía a un amigo íntimo, y abandonó la estancia que compartía con él. No teniendo ya nadie con quién dialogar aprovechó esa época para leer más. El que por entonces hubiese un buen número de agrupaciones que publicaban sus panfletos ideológicos centrándose en el nacionalismo y en el racismo sirvió de leña para el fuego que Hitler buscaba alimentar con sus lecturas.
Algo muy llamativo de esta etapa de su vida fue que, pese a saber que sólo le quedaba dinero para un año, no hizo el menor esfuerzo por buscar un empleo y prefirió seguir con su vida diletante. Finalmente el año se cumplió y no le quedó más remedio que abandonar su alojamiento (no pagó el último plazo de la renta) y comenzar a dormir a la intemperie en los bancos de la calle. Este hecho es representativo de su terquedad, egocentrismo y falta de sentido de la realidad (cosas estas que seguramente vienen en parte motivadas por el apoyo maternal incondicionado de su primera infancia) ya que sintió la necesidad de seguir haciendo lo que le apetecía pese a su nula perspectiva de supervivencia en el futuro.
Para 1909 su vida transcurría entre vagabundos como él, cosa que debió de ser una gran afrenta hacia su narcisismo. Pese a que muchas personas extremadamente narcisistas no saben reponerse después de una dura caída y acaban por volverse psicóticas, no se dio en Hitler este caso. Junto al vagabundo Hanisch comenzó a hacer tarjetas copiando cuadros y fotografías hasta que denunció a su compañero y prosiguió el negocio por su cuenta. Mucho de lo que vendía por esta época era para clientes judíos.
Se desplazó a Múnich buscando mejores oportunidades pero no consiguió entrar en la Academia de las Artes y pudo comprobar que había muchos menos clientes para el negocio de cuadros en el que estaba inmerso. Cuando la situación parecía empeorar tuvo un golpe de suerte, comenzó la Primera Guerra Mundial. Alistándose encontró una ocupación material y un fin espiritual al que consagrarse. De esta manera pudo destacar como soldado aunque no llegase a ser ascendido.

2 comentarios:

Nikkita dijo...

Vaya Blues, esta parte de su vida no la conocía, pero ya apuntaba maneras... narcisista, egocéntrico y lo que se dice "un trepa".
Mala suerte tuvimos con la primera Guerra Mundial, que descubrió un mundo nuevo con muchas posibilidades para él.
Un saludo.

bLuEs dijo...

Sí. Unas de las características de la personalidad de Hitler era el oportunismo. Además tuvo la fortuna de que varias circunstancias históricas y condiciones sociales estuviesen suficientemente de su lado como para sacar provecho.

Saludos