Erich Fromm - Psicología nazi (parte 2): Hitler como catalizador del resentimiento en la sociedad.

En muchas ocasiones se ha insistido sobre el origen del nazismo en el Tratado que las potencias vencedoras otorgaron a Alemania, el Tratado de Versalles. La mayoría de los alemanes se sentían hondamente descontentos e injustamente tratados por ese tratado, pero mientras la clase media reaccionaba con amargura, la clase obrera mostraba mucho menos resentimiento hacia esto. El “resentimiento nacionalista”, usado especialmente por la clase media, se constituyó entonces como el motor de una racionalización con la que proyectaba su inferioridad social como inferioridad nacional. Esta proyección es evidenciada perfectamente en el desarrollo personal de Hitler, ya que él era el típico representante de la baja clase media, un don nadie que no tenía perspectivas de futuro y que hizo su propia racionalización en símbolos nacionales.
Por entonces los propietarios se veían enfrentados en un parlamento en el que el cuarenta por ciento de los diputados era socialista y comunista. Un parlamento en el que la mayoría defendía ideas contrarias a los intereses económicos de la clase media suponía una amenaza y, por lo tanto, afirmaron que dicho parlamento no funcionaba, cuando lo que realmente sucedía es que funcionaba perfectamente ya que allí estaban representados los intereses de las distintas clases sociales.
La eficiencia de Hitler se debió a que combinaba las características del pequeño burgués resentido y lleno de odios, con las del oportunista dispuesto a servir a los intereses de los grandes industriales. Miles de pequeño-burgueses, que tal como se estaba dando las cosas tenían muy pocas posibilidades de ganar dinero, obtenían ahora como miembros de la burocracia nazi un gran incremento de poder y prestigio que las clases superiores se vieron obligadas a compartir con ellos. Consiguieron muchos empleos que fueron quitados a los judíos y al resto de enemigos políticos. Los que no consiguieron “pan” si que obtuvieron, cuando menos, circo. La satisfacción emocional derivada de espectáculos sádicos y de una ideología que le otorgaba el sentimiento de superioridad sobre el resto de la humanidad era suficiente para mantener satisfechas las vidas de aquellos que se habían empobrecido cultural y económicamente.
Después de la llegada de Hitler al poder hubo otra motivación para el mantenimiento de la lealtad al régimen nazi y es que el gobierno de Hitler se identificó con Alemania por lo que oponerse al nazismo significaba en aquella época oponerse a la patria misma. Ya sabemos que la idea de sentirse abandonado por el grupo es una de las más fuertes cuando se habla de temores del individuo en una sociedad. Es así, entonces, como esto supuso un cierre para limitar en lo posible las vías de pensamiento divergente.

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Erich Fromm - Psicología nazi (parte 1): Entorno social y base del totalitarismo.

El nazismo constituye un problema psicológico moldeado por causas socioeconómicas y, por lo tanto, para comprenderlo hay que entender el contexto en el que surgió. Hubo un grupo de población, muchos de ellos pertenecientes a la clase obrera, que sin mostrarse muy resistente y sin ser demasiado apasionado se dejo llevar por la situación. Otra parte, entre los que se encontraban los pequeño burgueses, se sintió muy atraída por esta nueva ideología y estableció una unión fanática con sus líderes.
Psicológicamente el individuo moderno vive en un estado de apatía y de cansancio que le impide mostrarse firme ante el devenir de lo que le sucede. En la Alemania de la época además había otra condición que se unía a esto y era que la clase obrera había sufrido sucesivas derrotas después de las victorias de la revolución de 1918. Para el comienzo de los años treinta ya se habían perdido los frutos de las primeras victorias y la masa obrera se hallaba bajo el signo de la resignación, de desconfianza ante los líderes, o de interés sobre cualquier actividad política.
Contrariamente al disgusto o escepticismo de la clase obrera, las capas inferiores de la clase media (pequeños comerciantes, artesanos y empleados) acogieron con entusiasmo la llegada del régimen nazi. Hay rasgos característicos de esta clase que la definen a lo largo de la historia y en este momento: amor al fuerte, odio al débil, mezquindad, avaricia (con el dinero y con los sentimientos), su ascetismo, visión estrecha de la vida y sospechas frente al extranjero. Estos rasgos serían uno de los pilares que originarían el posterior vuelco social.
Anteriormente la autoridad de la monarquía era indiscutible y al reverenciarla la baja clase media obtenía un sentimiento de seguridad y un orgullo narcisista. En el periodo posbélico esto cambió. La decadencia de la clase media se agudizó y la llegada de la inflación, que alcanzó su máxima intensidad en 1923, terminó con los ahorros que esta capa social había amasado en muchos años de trabajo. Aunque entre 1924 y 1928 la situación fue de mejoría económica, y consiguientemente de nuevas esperanzas económicas de la clase media, esto terminó con la crisis de 1929 que dilapidó muchas de las ganancias obtenidas en años anteriores.
Además de la cara económica había aspectos psicológicos que incrementaban los problemas y que procedían, fundamentalmente, de la derrota sufrida en la guerra y de la caída de la monarquía. Antes de la guerra la clase media podía sentirse en una posición superior a la de la obrera pero las diferencias se acortaron o anularon, en buena parte porque el prestigio social del proletariado había ido en aumento y ello implicaba que, consecuentemente, el de la clase media disminuía. Eliminadas las distancias no había a quién despreciar. Además la clase media veía como la familia, su otro baluarte, se desmoronaba. Las condiciones económicas y sociales de la posguerra habían minado la autoridad paterna y consecuentemente la moralidad de esta clase social. De esta forma la nueva generación no tenía un horizonte claro y obraba a su antojo en busca de su propio porvenir al margen de lo que sus padres habían hecho. La crisis económica privó a los padres del sostén material que podrían haberles dado a sus hijos en otras circunstancias y la nueva generación debió de buscárselas por su cuenta para poder salir adelante. Unido a este exceso población que no conseguía un empleo se encontraba el amplio grupo de antiguos militares que no habían sabido adaptarse a su nueva situación civil después de años acostumbrados a ejercer el poder. Ahora ya no sabían permanecer como simples empleados.

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Erich Fromm: Las orientaciones improductivas del carácter

Antes de nada es necesario describir lo que significa "carácter" en este contexto. Entendemos “carácter” como el patrón de conducta de un individuo dado. Por lo tanto es la forma en que la energía humana es canalizada en los procesos de asimilación y socialización. Una vez asumido esto la primera distinción se hace respecto a la capacidad que tiene el carácter para realizarnos como personas, por lo que la primera división será entre las orientaciones del carácter improductivas y la productiva. Dentro de las improductivas podemos diferenciar las siguientes tipologías:

LA ORIENTACION RECEPTIVA:
En la orientación receptiva la persona siente que la “fuente de todo bien” está en el exterior y cree que la única manera de conseguir lo que desea es recibiéndolo desde una fuente externa. Si se trata la cuestión del amor el problema reside en ser amado y no en amar, por lo que generalmente esperan encontrar a alguien que les de la información necesaria en lugar de hacer el esfuerzo por sí mismos. Por este motivo suelen ser individuos excesivamente susceptibles al rechazo o desaire de la persona que les es querida.
Cuando deben de tomar decisiones o asumir responsabilidades no consiguen tener suficiente confianza en ellos mismos y es común que en el día a día pidan consejo hasta de cualquier nimio detalle, además suelen tener gran afición por la comida y por la bebida, que en muchas ocasiones les sirve para calmar su ansiedad. Por tanto es la boca la parte predominante en los individuos de esta orientación.
Este tipo de carácter tiende a encontrarse con más abundancia en aquellas sociedades en las que el derecho de un grupo a explotar a otro está firmemente establecido y en el “experto” es donde podemos encontrar uno de sus símbolos, por la actitud que se muestra hacia él por parte de la opinión pública y que es estimulada por los anuncios y la propaganda. Sólo él sabe sobre el tema y el resto sólo puede escuchar su opinión, por lo que coloca forzosamente a los demás en una actitud “receptiva” ante una figura de autoridad. Ante el experto la gente se somete y acata su opinión como la válida sin cuestionarla por diversos motivos, pero que habitualmente parten del esquema de que la realidad es muy compleja para el común de los ciudadanos y sólo les queda someterse a la persona que es afirmada como capaz de haber conseguido conocimiento sobre el tema.

LA ORIENTACIÓN EXPLOTADORA:
Tiene en común con la receptiva la percepción de que la fuente de todo bien está en el exterior y que por sí mismo no puede producir nada, la diferencia es que en esta orientación el individuo no espera recibir lo que necesita en forma de regalo, sino que lo consigue por medio de la violencia o de la astucia. Por lo tanto sólo sienten atracción por personas a las que se les puede sustraer algo. Además tienden a pensar que aquello que pueden hurtar es mejor que cualquier cosa que puedan producir por ellos mismos. Si se trata de ideas, estas personas en vez de producirlas, las hurtan. Un ejemplo extremo de esta orientación sería el cleptómano.
Esta orientación se remonta a los antepasados feudales y piratas. Posteriormente fue proseguida por hombres que buscaban comprar barato y vender caro, persiguiendo incansablemente el poder y la riqueza, hasta que como rasgo del carácter se fue estableciendo como norma general.
La boca, al igual que en la orientación receptiva, es la parte del cuerpo que los simboliza pero, a diferencia de la otra orientación, la actitud ahora es más agresiva y tendente a la acción de morder.

LA ORIENTACIÓN ACUMULATIVA:
En esta orientación la persona suele tener poca fe en cualquier cosa que pueda obtener del mundo exterior ya que su seguridad se basa en la acumulación y el ahorro y, por lo tanto, cualquier gasto se interpreta como una amenaza. Estas personas se rodean de un muro protector y buscan defender a toda costa su posición fortificada. Algunas de ellas expresan su temor a la amenaza exterior con la compulsión de lavarse y a menudo muestran una lealtad exagerada hacia la gente y hacia los recuerdos por lo que su sentimentalismo les suele hacer creer que todo tiempo pasado fue mejor. Paralelamente a la compulsión por la limpieza habitualmente se suele dar la meticulosidad, aunque su método resulta en el fondo rígido y estéril.
Históricamente esta figura la ha representado el conservador. La propiedad se consolidó para él en un símbolo de sí mismo y su protección se constituyó en un valor supremo; los bienes y la familia en su reducto.

LA ORIENTACIÓN MERCANTIL:
En esta orientación el éxito depende para la persona de la capacidad que tiene de “venderse” a los demás en el ”mercado existente”. El objetivo es ofrecer una personalidad que esté demandada y dejar en segundo plano el desarrollo de su propia personalidad. Esta clase de personalidad más demandada va comunicándola la sociedad por diversos medios: cine, educación, etc…
Una vez que la persona se experimenta a sí misma como mercancía implícitamente llega a la segunda parte, en la que su autoestima no depende de sí mismo sino de elementos exteriores. El individuo luchará entonces para que los demás le reconozcan el éxito y, por lo tanto, perderá el sentido de la dignidad y del orgullo. Su valor será el precio de mercado y su individualidad quedará carente de valor. Estas características hacen que esta orientación se haya difundido masivamente en la época moderna, de forma paralela al auge de la economía de mercado.
Si tenemos que verla en la práctica en esta orientación los conocimientos importan en cuanto se les puede encontrar una proyección en el mercado y, por lo tanto, el pensamiento impráctico que únicamente tiene por objeto la verdad queda relegado. También, aunque no sea lo más representativo como ejemplo de esta orientación, es conveniente resaltar que la mayor parte de los test de inteligencia se concreta a este pensamiento; su objeto no es medir tanto la capacidad para el razonamiento y la compresión, como medir el grado de adaptación mental a una situación dada. Si la razón fuese solamente una capacidad lógica de resolver problemas un paranoico podría llegar a conclusiones lógicas aunque absurdas, por el contrario el objetivo de la razón es comprender la esencia de las cosas.

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El culturalismo y la crítica de Freud

Habitualmente suelo decir que me interesa la psicología pero no me suelen gustar los psicólogos y no sólo esto, me molesta la falta de “perspectiva metafísica” que suelen demostrar. Intentaré explicarme.
Un amplísimo sector de población es susceptible de conseguir la titulación de psicología. ¿Únicamente consiguiendo esta titulación hace que ellos sean eficientes psicólogos?, definitivamente no. ¿Cuál es el motivo fundamental de esto? La enajenación que el ser humano vive en la actualidad y que lo encauza por paradigmas materialistas es lo que preforma la perspectiva que tendrá el psicólogo. Dicho de otra forma, si antes de tener la titulación se era un descerebrado después de conseguirla fácilmente se puede terminar siendo un descerebrado con título.
Por supuesto no todos los psicólogos caen en este problema y hay muchos que merecen el elogio de su trabajo (afortunadamente), pero desde luego hay una gran cantidad de gente que llega a este ámbito condicionada por una sociedad enajenada que los ha configurado para que ellos sean lo que la sociedad quiere. Aunque explicar este punto sería amplio (y además está comentado indirectamente en otras entradas de este blog) se puede dar algún ejemplo que sirva a modo de ilustración. Por ejemplo, la visión mecanicista del funcionamiento de las disciplinas que trasmite la sociedad, y que tiene como principal pretexto la propia ciencia (nada mejor que la maximización de la ciencia para aparentar verdad absoluta), condiciona el modo en que un psicólogo de esta tendencia se enfrentará a un problema. En muchas ocasiones terminará reduciendo los problemas psicológicos a una suma de sustancias mediante las cuales se puede reinsertar al individuo dentro de lo que la sociedad espera. Teniendo en cuenta que la sociedad actual dista mucho de estar sana utilizar este criterio sólo conduce a una salud ilusoria. El individuo podrá ser productivo o útil a la sociedad pero generalmente será improductivo consigo mismo. La tranquilidad no proviene de su propia salud, proviene de que la oveja se ve integrada en el rebaño.
De esta forma he visto gente moralmente viciada que entraba por la puerta de la facultad en estas condiciones y salía prácticamente en las mismas. Habían acumulado una serie de datos durante los años de estudio pero seguían respondiendo al mismo paradigma que la sociedad les había proporcionado. ¿Qué sucede entonces? Sucede que si una persona ejerce de peluquero y no está cualificada cortará mal el pelo, lo que puede ser molesto pero no nos destruirá como personas. En cambio un psicólogo está en una situación de poder mucho mayor. Cuando alguien solicita ayuda profesional de un psicólogo generalmente se encuentra en algún tipo de estado de indefensión, y si además de esta vulnerabilidad se encuentra con malos consejos sus problemas se pueden multiplicar fácilmente. El daño es mucho mayor que en el caso del peluquero y por supuesto la típica indicación de que se “acuda a un psicólogo” se puede traducir en realidad no sólo en un fracaso de las metas esperadas, sino también en una extensión exponencial de los problemas originarios.
Aunque esta clase de ideologías tiene muchas veces como fuente a la sociedad en la que ha crecido el individuo en cuestión también sustenta su fuerza en el creador del psicoanálisis. La perspectiva materialista, que Freud heredó fundamentalmente de Ernst Von Brücke, y que redujo las pasiones humanas a necesidades fisiológicas o biológicas en lugar de comprender que los impulsos humanos más fuertes no se encauzan a la supervivencia física (cuando dicha supervivencia no está seriamente amenazada), sino que buscan una solución que resuelva su conflicto existencial, sigue vigente amparada por una sociedad a la que le es más conveniente optar por una perspectiva mecanicista en lugar de comprender la verdadera dimensión del ser humano.
Dentro de este marco materialista impulsado por el creador del psicoanálisis han surgido los neofreudianos, también llamados culturalistas o revisionistas, que tienen en común el hacer énfasis en los datos sociales o culturales que los tradicionales freudianos proponiendo una revisión de la doctrina original en busca de una perspectiva menos superficial que cuadre con la dimensión humana. Karen Horney, Harry Stack Sullivan o Erich Fromm han sido algunos de los principales representantes en Estados Unidos de este sector. Fromm delimitó los terrenos en los que la teoría de Freud debía de ser revisada. Propone los siguientes:
1-Cambio de la perspectiva filosófica: del materialismo mecanicista, o bien al materialismo histórico y al pensamiento evolutivo, o bien a la fenomenología y al existencialismo.
2-Comprender de forma distinta lo que es conocimiento de una persona y lo que es conocimiento en las ciencias naturales.
3-El cambio en la idea del hombre. En vez del “hombre máquina” aislado, establecer el ser humano como fundamentalmente social, con pasiones y afanes originados en la existencia humana.
4-Una orientación humanista que asuma la identidad del potencial de los hombres junto con la aceptación incondicional del otro, por no ser distinto a mí.
5-Un entendimiento sociocrítico del conflicto entre el interés de casi todas las sociedades en la continuidad de su sistema y el interés del hombre en el máximo desarrollo de sus potencialidades.

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El psicoanálisis y el diván no deben ir juntos

Freud fue el impulsor de esta moda que duró (y sigue durando muchos años), la de sentar al paciente en un diván y situar al psicoanalista a su espalda. Según Freud el origen estuvo en que él terminaba agotado de sostener la mirada de sus pacientes durante horas. Después se adujeron otras circunstancias: que así el paciente se concentraba mejor en lo que tenía que decir, que disminuía la influencia del analista sobre los comentarios del paciente, etc… Por supuesto ésta es la versión oficial, si reflexionamos un poco podremos sacar otras conclusiones.
El creador del psicoanálisis debía de mostrar alguna justificación de este procedimiento pero el motivo que no quiso revelar es que él no deseaba “bajar a los infiernos” del paciente, prefiriendo adoptar una cómoda actitud distanciada que le permitiese implicarse solamente hasta el grado que le convino. Su objetivo fue utilizar a los pacientes como datos clínicos que le permitiesen ahondar en sus teorías, no como personas que necesitan comunicación humana para solucionar sus problemas.
Para empezar situar a un paciente en un diván le produce un menosprecio, se le trata como si fuese un conejillo de indias que se supone que funcionará mediante estímulos mecánicos. Además se le sitúa en una posición de inferioridad respecto a su analizador, que por otra parte y como fruto de esta situación fácilmente tiende a ser idolatrado, aumentando además la transferencia. René Spitz reconoció sin ambages que la función principal del diván es puerilizar al paciente para conseguir el mayor número de datos de su infancia. El problema es que con este artificio la intensidad de la transferencia tiende a aumentar y con ella aumentan las dificultades para el psicoanálisis del paciente.
Aunque la comunicación de los pensamientos del paciente hacia el psicoanalista puede hacer más dificultosa en primera instancia, una vez franqueada esta primera barrera inicial el paciente comprende que está delante de un adulto (y no hablando a un ente que apenas responde) que puede comprender lo que le sucede y con el que puede establecer un vínculo humano. La transferencia es entonces menor y el paciente consigue una retroalimentación fruto del diálogo frontal que le ayuda a mejorar la expresión de sus pensamientos y sentimientos.

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Sigmund Freud: El ego mezclado con la obra

Cuando es el momento de comprender la vida de personas ilustres el lugar común en el que se suele caer es la idolatría ciega. En lugar de reflexionar sobre el conjunto de factores que han influido sobre una determinada persona nos solemos quedar con el elogio fácil, un velo que nos oculta las verdaderas raíces y motivaciones que llevan a alguien a conseguir los logros que ha conseguido.
Erich Frömm intentó mostrarnos una visión más global que nos enseñe todas las caras de esta persona en “La misión de Sigmund Freud” (“Sigmund Freud’s Mission: An analisis of his personality and influence”, 1959). Un primer punto de partida está en que el propio Freud repetía insistentemente que el psicoanálisis había sido creación suya, lo que nos lleva a tener que conocer la personalidad de Freud para poder conocer lo que es el psicoanálisis. Un segundo punto de partida se basa en la teoría de que Freud distaba en realidad de ser una persona modesta y que, por el contrario, desde su infancia había alumbrado deseos de resaltar sobre los demás imponiendo al mismo tiempo sus criterios. El conocimiento fue el campo en el que consiguió estas metas y la sociedad psicoanálitica fue la “religión” que le sirvió para propagar autoritariamente su doctrina a base de rechazar otros criterios que estuviesen al margen del dogma. Una vez enunciadas las premisas intentaremos desarrollarlas.
Para comprender el origen de su personalidad tenemos que observar primeramente su contexto histórico. La monarquía austro-húngara era un imperio que se desmoronaba y la diferencia entre la ideología oficial y los hechos palpables de cada día era abismal. El propio padre de Freud tuvo que abandonar sus negocios a consecuencia de la inestabilidad política. Esto es ya de por sí un ambiente propicio que estimula un espíritu crítico.
En segundo lugar su relación con su madre. Para ella era su hijo favorito y lo colmó con todo su cariño, lo que se deja traslucir en una personalidad muy segura de sí misma con el sentimiento de estar destinado para el éxito. Posteriormente esta relación con su madre quedaría trasladada a su relación con el resto de las personas (su mujer, sus amistades, sus discípulos,…).
En la relación con su padre también vemos rasgos de lo que iba a ser su trabajo. La suprema confianza otorgada por su madre unida a una actitud de indiferencia sufrida por parte de su padre le hace ser resistente a las críticas, hasta el punto de que de niño orinaba deliberadamente en el dormitorio del padre como acto simbólico de posesión de la habitación y como gesto de agresividad hacia él (claro anticipo de su teoría del complejo de Edipo). Freüd mismo recordará de adulto como cuando el padre le increpó por esto diciéndole: “Este niño nunca será nada”, consiguió grabar estas letras tan a fuego en la mente de su hijo que repetidamente soñó con el tema enumerando sus logros como réplica a esta sentencia. Posiblemente de aquí surja su veneración por los héroes militares y sus tendencias políticas. Esta rebeldía hacía las instituciones paternas es positiva en cuanto a que le proporciona un espíritu crítico y buena parte del psicoanálisis se ha basado en ello, pero no hay que olvidar que Freud era un rebelde y no un revolucionario. Un revolucionario no busca la autoridad para dominar a los demás, cosa que si que hace el rebelde. Es decir, el rebelde busca situarse a él en lugar de la autoridad, no eliminarla. Un claro ejemplo de esto son los políticos, “rebeldes” hasta que no consiguen el poder y conservadores en cuanto se hacen con él.
En cuanto a su relación con el resto de las personas vemos la proyección de imagen materna. Una necesidad de sentirse reconocido y admirado por los demás que chocaba con su otra necesidad de independencia. Freud nunca consiguió superar este conflicto que había en su interior. De esta forma sus amistades siguieron una progresión pareja de apasionada unión a los comienzos para luego terminar rompiéndose de forma aparentemente no motivada. Así fue con Breuer (su mentor, que le indicó el camino para comenzar el psicoanálisis al descubrir en Ana O que mediante el hipnotismo podía liberar los problemas de su paciente y así llegar a al alivio sus síntomas); Fliess, el compañero que lo confirmaba y reconfortaba en sus opiniones; y Jung el discípulo primeramente escogido para “penetrar en la ciudad que Freud tan sólo podía divisar” y posteriormente repudiado sin ningún motivo claro.
Ilustrativo también es que Freud tendía a apropiarse de ideas de sus amigos más íntimos hasta hacer creer que la idea era suya cuando en realidad era de un amigo. Para Frömm esto es un reflejo de su necesidad de ser alimentado por una figura materna y, subsiguientemente, llegar a una situación en que la otra parte acepte esto como muestra de compromiso o rompa definitivamente para conseguir la autonomía buscada por Freud en su contradicción personal. Así sucedió con la idea de Fliess de la bisexualidad en el hombre, que Freud quiso ver como una simple corrección de la teoría que él mismo ya había elaborado sobre la sexualidad. Tenemos aquí unido otro elemento del carácter de Freud, el autoritarismo. Aunque escuchaba otras opiniones rara vez cambiaba de pensamiento sobre una idea que ya tenía suficientemente elaborada. Han Sachs es el que nos recuerda esta afirmación.
En el autoritarismo de Freud está de nuevo la necesidad de amor incondicional de la madre aquí proyectada. O se estaba a favor de sus teorías o en su contra, de la misma manera que era un padre amable con sus hijos cuando seguían sus designios y rudo cuando no iban por este camino. Este autoritarismo de pensamiento también encontró su proyección en la Asociación psicoanalítica, que se purgaba de los miembros que no fuesen fieles al dogma. Así las ansias políticas juveniles de Freud vieron proyección en una sociedad que velaba por el mantenimiento dogmático de su pensamiento marginando todo lo que discrepase de la pauta marcada.
En cuanto a su mujer mantuvo una relación desapasionada y de relativo poco contacto propiciada por su falta de disfrute en la vida y sus propias inhibiciones sexuales que Freud quiso ver como proyección de su líbido en el trabajo. Después de un entusiasta comienzo, en el que se mostraba como un novio apasionado, poco a poco fue tornándose en ser celoso con ansias de dominación completa sobre un género que consideraba inferior al masculino (entre otras cosas no hay que olvidar que considera a las mujeres como hombres castrados).
Su pasión por la verdad y la razón, unidas a unas dotes intelectuales muy por encima del término medio fueron guías en su vida. De cómo buscó formar su trabajo, ser un hombre insigne y perdurar en el tiempo a través de él hemos visto aquí un bosquejo.

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Erich Fromm: El síndrome de "violación y saqueo"

El síndrome de “violación y saqueo” es una denominación creada por Erich Fromm. Tiene como peculiaridad el ser una expresión sádica que no se limita simplemente a violar, sino que todo constituye un conjunto, de ahí el nombre que intenta representarlo. Aunque puede darse en más casos es frecuente que durante muchos conflictos armados los soldados encuentren las circunstancias necesarias que lo permitan (violación de Nankín por las tropas japonesas, toma de Berlín por los rusos, etc…). Los elementos comunes son la violación, el saqueo y la destrucción de todo cuanto se pone por delante bajo un frenesí que es difícilmente controlable.
Lo primero que es llamativo es el comportamiento con las mujeres, que suele ser de marcada connotación de ostentación. No es sólo el hecho en sí, es también el dejar bien claro la dominación que se hace de la víctima por parte del agresor. Es importante además que generalmente ninguna mujer de ninguna condición (guapas, feas, viejas, jóvenes, etc…) se libra cuando esa situación sucede. Por otro lado, lo que los soldados no consiguen robar lo destruyen, ensucian o lo marcan con alguna huella de su paso. Lo común es que los soldados no queden indiferentes ante nada que esté a su alcance cuando se encuentran en esa situación.
El núcleo del caso del sadismo comentado parece estar en la sensación de poder absoluto e ilimitado sobre personas y cosas. Al violar a las mujeres se establece la dominación sobre todo lo vivo, porque las mujeres no son sólo las víctimas, también lo son sus padres, maridos, hijos,… que quedan en una situación de impotencia al no haberlas podido defender. Por otro lado el saquear y destruir se constituye una relación de dominio sobre las cosas, el agresor las termina marcando con su propio ego. Se puede decir que el agresor, en cierto modo, se inmortaliza y domina a través de acción.
¿Qué se consigue con la experiencia de dominio? Antes de nada una sensación fisiológica en forma de intenso placer morboso, que es lo que lo principalmente lo motiva, pero también se da una forma de superar las limitaciones existenciales de la persona ya que mediante la dominación el sádico deja de estar aislado del mundo y se funde con alguien, se convierte en un ser omnipotente, un dios. De esta forma el agresor puede resolver sus propios conflictos. Es relevante que en las clases más adelantadas cultural y económicamente se encuentra mucho menos sadismo que en las clases atrasadas. Si una persona tiene pocas satisfacciones genuinas en su vida la alternativa sádica se le presenta como una solución fácil y rápida para aliviar sus problemas. Así la persona mermada que es se torna de don nadie a rey de una banda linchadora. Además el sádico suele ser inconsciente del carácter de su comportamiento, fácilmente elaborará algún tipo de justificación que aparente ser racional y que legitime sus actos.
Por supuesto esta “violación y saqueo” no es más que una situación en la que se puede dar el poder sádico. Lo esencial es que exista una relación de poder sobre otra persona y algún “actor” pueda representar el papel de tirano. Puede ser un maestro, un médico, un profesor, un policía,…. ni siquiera es necesario que el grado de poder sea demasiado, lo que vuelve a recordarnos la tremenda atracción que tiene esta vía.
Existe una infinidad de expresiones artísticas que retratan este síndrome o los perfiles sádicos. En la película de Polanski “La muerte y la doncella” (1994) hay una hermosa escena final en la que mediante la confesión del torturador se describen varios de los principales elementos del perfil sádico.
Común al sadismo es el hecho de que la situación de indefensión de la víctima siempre motiva especialmente al agresor. Aquí el torturador (representado por Ben Kingsley) lo retrata diciendo: “People lying totally helpless. I didn’t have to be nice!, I didn’t have to seduce them!.” (“Gente yaciendo completamente indefensa. No tenía que ser agradable, no tenía que seducirlas”). La citada sensación de omnipotencia se repite: “I had all the power. I could breake anyone. I could make them do or say whatever I wanted.” (“Tenía todo el poder, podría destrozar a cualquiera. Podría hacer o decir lo que quisiese.”). También la curiosidad morbosa suele ser común al sádico. Una vez que ha dejado patente la dominación necesita nuevos retos para seguir percibiendo la relación de dominio y mantener la emoción (como sucede en “El joven Törless”, la película sobre la novela de Musil), a la vez que esto suele derivarse en una especie de “investigación” que, muchas veces mediante la disección (como en el caso del nazismo), pretende comprender al objeto dominado esperando así hallar una respuesta que llene el vacío de la existencia del torturador. En el caso de esta película Kingsley literalmente describe como curiosidad morbosa el origen de sus experimentos.


No he conseguido encontrar este fragmento con los subtítulos en castellano. La transcripción completa de la escena es la siguiente:

Woman: “We’re going to end it here. Look at me. Isn’t it bright enough to see me? Don’t you know me? Didn’t you tell me your ugly thoughts? Didn’t you tell me your secrets?”
Man: Yes
Woman: “Didn’t you rape me? Didn’t you put your cock in me?”
Man: Yes
Woman:“How many times?”
Man: “Many times, I raped you many times. Fourteen times. Yes I played music. I wanted to soothe you. I was good at first. It took weeks. I was strong. I fought it so hard. No one fought as hard as I did. I was the last one. The last one to have a taste. No one died I swear. I saved many. And I made it easier on them. That’s how it started. That’s how I got into it. They needed doctors. My brother was in the secret police. He told me they needed someone to make sure that nobody died. I washed you. You soiled yourself. You told me ‘I’m dirty’ and I washed you. The others egged me on. ‘Come on doctor you’re not going to refuse free meat are you?’ I couldn’t think straight. And inside I could feel I was starting to like it. They laid people out. Flesh on the table. And the fluorescent light. You didn’t know. It was bright in those rooms. People lying totally helpless. I didn’t have to be nice! I didn’t have to seduce them! I realized I didn’t have to be nice to them. I had all the power. I could break anyone. I could make them do or say whatever I wanted. I liked being naked. I would let my pants fall, so you could hear what I was doing. I liked you. I liked you knowing what I was going to do. I was naked in the bright light. You couldn’t see me, tell me what to do. I owned you. I owned all of them. I fell in love with it. I could hurt you or I could fuck you. You couldn’t tell me not to. You had to thank me. I loved it. I was sorry it ended. I was very sorry it ended.”

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Sistemas reactivos del inconsciente para no llegar a la consciencia

Si entendemos el inconsciente como un mundo interior formado por una larga lista de represiones de pensamientos, de sentimientos, de percepciones,… sobre los que no hemos tenido apenas control, tendremos que pensar que llevarlos a lo consciente es algo necesario para poder comprender lo que somos y corregir las direcciones equivocadas en las que nos hayamos encaminado.
El subconsciente, no sólo se ha formado a expensas de nuestra consciencia, sino que también pone fuertes impedimentos a que lo modifiquen. Para ello los sentimientos o pensamientos que nos guían desde el inconsciente ejercen su influencia mediante lo que Freud denominó “resistencia”, que es fundamentalmente el emotivo rechazo a admitir la existencia de lo reprimido. Precisamente la resistencia es más intensa y se muestra más claramente cuando a la reacción frente al tema reprimido se le une el enfado o incluso la agresividad, frecuentemente buscando eliminar al mensajero para así seguir manteniendo oculto o inconsciente el mensaje que alude al tema reprimido.
Entre las estrategias de defensa del inconsciente para salir a la luz existen los siguientes tipos generales:
La “proyección”, que funciona alejando de la consciencia una inclinación o percepción considerándolas como el impulso de otra persona. De esta manera mantenemos la unión con lo reprimido pero dejamos de vivirlo como algo propio. Por ejemplo, si sentimos un intenso odio hacia todas las personas, mediante la proyección podemos llegar a creer que son ellas las que nos odian a nosotros. Algo que frecuentemente delata la existencia de proyecciones en una persona es la inmunidad que se concede a sí mismo sobre los mismos temas que censura duramente en los demás, por lo que en las personas con un ego que busca preponderancia frecuentemente la proyección se constituye en una necesidad habitual y casi obligatoria, ya que el narcisismo implica una devaluación de los demás.
En el “desplazamiento”, en cambio, el elemento que se ha reprimido suele salir a la luz. Entonces, por seguir con el caso anterior, el odio sale a la luz pero en otro destinatario. Si fuese el caso de tener odio hacia la madre, éste se puede transformar en misoginia hacia todas las mujeres. De la misma manera esto funciona con necesidades humanas básicas reprimidas. Entonces, por ejemplo, si se siente necesidad de amor fraternal y no se encuentra destinatario en ninguna persona, ello se puede desplazar hacia un animal de compañía.
Mediante la “trasformación en lo opuesto”, eliminamos sentimientos que tienen raíz en la ira en su contrario. Siguiendo con el caso del odio hacia los demás ello se podría transformar en una actitud servicial hacia todo el mundo. Quien haya visto la serie de televisión “Los Simpson” podrá ver en Ned Flanders una representación de este proceso.
También mediante la “confrontación con uno mismo” se desarrolla otro de los mecanismos habituales de cambio de destinatario de la rabia hacia los demás. Retomando nuevamente el caso del odio hacia los otros, éste se transformaría en agresividad contra sí mismo mediante diversos procedimientos. Puede ser atormentándose, culpabilizándose, etc…

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La fase anal como eje formador de la personalidad

Al poco de nacer desarrollamos las llamadas fases pregenitales, que son las que corresponden a las zonas que comienzan a recibir estímulos de forma más importante, la boca y el ano. El recién nacido proyecta su necesidad de recibir en la boca, con lo que constituye la fase oral y, por otro lado, desarrolla la fase anal a través del otro polo intenso de producción de sensaciones, el ano. Desde el psicoanálisis se entiende que el desarrollo sexual maduro se logra cuando se consigue derivar mayoritariamente las sensaciones vinculadas a las zonas pregenitales hacia la zona genital. Teniendo en cuenta que el sexo establece parámetros definitivos en la estructura psicológica de la persona cuando no se traspasa esta primera fijación pregenital el carácter también queda conformado en un estado de inmadurez.
El desplazamiento desde las primeras etapas pregenitales hacia la genital discurre paralelo a la madurez biológica y psicológica de la persona pero hay circunstancias que lo impiden y propician que las fases pregenitales sigan conservando intensidad o preponderancia. La mayoría de ellas se basan en una intensa fijación pregenital durante la infancia o en la regresión del individuo, debido a frustraciones personales durante etapas ulteriores de su vida, hacia épocas pregenitales.
La mayoría de los rasgos de las personas que mantienen priorizada la fase anal se suelen presentar mediante una racionalización que aparentemente los justifica, pero con una segunda observación se aprecia con claridad que como eje básico se encuentra la tendencia al conservadurismo y, por lo tanto, el gusto por ser reacio frente a cualquier elemento que suponga un cambio en el estado de cosas que vigente. Desde este eje básico una primera línea surge como continuación caracteriológica de las funciones primitivas que frecuentemente va ligada a un desarrollo del sentido del orden, limpieza, puntualidad y tacañería. Una segunda línea se constituye prolongando el primitivo amor por las heces en el amor por las posesiones. Se busca tener y acumular cosas aumentando en lo posible la cantidad y la exclusividad. Un ejemplo de esto puede ser la pasión por coleccionar. Además el amor por la posesión en ocasiones tiende a ir unido a que nadie más tenga algo parecido, otorgando con ello una mayor profundidad al objeto poseído.
Freud habla de cómo el amor al orden, que se puede revelar en el gusto por la elaboración de programas y el establecimiento de rituales, frecuentemente se convierte en pedantería y en una cabezonería que tiende a ser insolente. Además el orgullo suele ir unido a un sentimiento de singularidad que, como Sadger comentaba, se resume en “Todo lo que no es Yo es basura.”. Consecuentemente no aceptan ninguna interferencia del mundo exterior ya que la consideran una intromisión en “sus asuntos”. También se obstinan en mantener un régimen autofabricado por ellos mismos que además tienden a imponer también a los demás.

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La teoría de las diez mil (¡10.000!) horas para llegar a ser experto en una disciplina

La teoría de las diez mil horas sostiene que aproximadamente es necesaria esta cantidad de tiempo para lograr el nivel de experto en una disciplina. Tanto da que sea ajedrez, música, un deporte,… siempre serán necesarias unas tres horas al día durante diez años para conseguir este nivel que se podría llamar de élite.
La base parece estar en que el aprendizaje necesita una asimilación y consolidación del tejido neuronal para que con el aumento de práctica se generen un mayor número de huellas neuronales. Unido a esto también se ha mostrado como el ejercicio en una disciplina puede suponer el incremento del tamaño de la parte del cerebro correspondiente a la zona ejercitada.
Naturalmente la teoría no se puede ceñir únicamente al tiempo porque si no se presta verdadera atención al ejercicio los efectos son considerablemente menores. Podría decirse que el interés conduce a una mayor atención y consecuentemente se producen las reacciones necesarias como para poder ir cambiando de niveles y que ello se vea representado por cambios neuroquímicos claros como puede ser la liberación de la dopamina que ayudará a que la huella mnemotécnica sea más intensa.

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Lo falso del instinto de muerte (Thanathos) de Freud

Hernández Peón fue un neurofisiólogo que pudo demostrar que existen centros inhibidores y excitadores de la agresividad, lo que anularía la posible existencia de una autoexcitación agresiva espontánea o un aumento progresivo de la misma. Este hecho sería suficiente para invalidar la teoría de Freud sobre lo que él llamó impulso de muerte (o Thanathos) que suponía un instinto innato al ser humano para la destructividad y la necesidad de buscar objetos para aliviar esta supuesta pulsión
Aunque en el animal la agresividad sólo aparece cuando se ataca de una forma directa sus intereses vitales (comida, reproducción, etc…), en el hombre estos intereses vitales son muchos más amplios. El motivo es que el hombre puede establecer abstracciones sobre lo que son sus intereses vitales y proyectarlos en otros elementos externos a él. Por ejemplo una persona puede construirse una ideología (verdadera o falsa) y una vez que la ha maximizado lo suficiente como para que ésta suponga buena parte de los cimientos de su vida es fácil que sienta violados sus intereses vitales si percibe que algo pone en riesgo esta ideología que se ha construido.
Aunque la teoría del instinto de muerte de Freud ha quedado contradicha todavía sigue teniendo muchos adeptos ya que supone una aparente justificación intelectual de la existencia de la violencia innata en el hombre y, por tanto, en toda la sociedad.

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Zonas del cerebro que intervienen en nuestra capacidad para la música

Escuchar música es un proceso que comienza con estructuras situadas debajo del córtex: núcleos cocleares, el tronco cerebral y el cerebelo. Posteriormente asciende al córtex auditivo de ambos lados del cerebro. Si pretendemos seguir música de algún estilo que conozcamos se necesitará el uso de otras regiones como el hipocampo o el lóbulo frontal (especialmente el córtex frontal superior).
Interpretar música necesita también de los lóbulos frontales para la planificación de la conducta, así como del córtex motriz del lóbulo parietal y del córtex sensorial, que es el que proporciona las señales de vuelta de los estímulos táctiles tan necesarios para saber que se ha ejecutado el movimiento correcto.
Leer música necesita además de la participación del córtex visual que está en el lóbulo occipital (detrás de la cabeza). Si además hay que escuchar o recordar letras es necesario emplear los centros del lenguaje. En cualquier caso no debe de olvidarse que no existe una zona exclusivamente dedicada al lenguaje como no existe una zona exclusivamente dedicada a la música.

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¿Por qué es necesaria una psicología humanizada?

Podría pensarse que es algo redundante llamar humanizada a la psicología si se supone que ésta se encarga del estudio del hombre. Sin embargo el actual estado en el que se trata esta disciplina obliga a pensar en un empleo más genuino que la reivindique como conocedora de dimensiones fundamentales del ser humano, y no como materia que sirve a intereses espurios que no tienen que ver con lo que es ella misma. Así la existencia de psicólogos alienados que trabajan usando referencias que sirven a otros intereses, y no a los estrictamente humanos, ha terminado siendo algo común. Desde estos ángulos la psicología pierde la perspectiva al no estar relacionada con otras disciplinas (la sociología o la antropología, por ejemplo) y al ser tratada aisladamente se recae con facilidad en vicios que contaminan su finalidad originaria.
En cuanto a estos vicios se puede citar la pérdida de la perspectiva de lo que significa el concepto de sano. Generalmente se establece como lo sano a lo que se adecúa a lo que socialmente está entendido como sano y esto no tiene por qué ser coincidente con la idea objetiva de lo que significa estar sano para el ser humano. Desde esta perspectiva el objetivo de la cura del enfermo consiste esencialmente en buscar reinsertarlo en la sociedad sin cuestionarse si la sociedad es un referente verdadero de lo que es sano o si, por el contrario, debería de buscarse el fin en la propia persona en lugar de en otros referentes externos. Este es pues un ejemplo de cómo se puede deshumanizar una disciplina debido a intereses bastardos que no tienen que ver con su finalidad originaria y, por lo tanto, desde estos vicios se hace necesaria volver a adecuarla a lo que significa el ser humano.

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