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Enfermedades psicológicas frecuentes en filósofos

No olvidemos que los deseos metafísicos o los de carácter más mundano que tienen los filósofos muchas veces tienen su origen en distintos problemas psicológicos. También sucede a la inversa, un problema intelectual deriva es desvaríos psicológicos. Esto es porque un verdadero filósofo trabaja sobre sí mismo, por lo tanto los trastornos que conciernen al yo tenderán a ser los más comunes entre este gremio. Encontramos unas cuantas variedades evidentes.
La melancolía es la primera. Reflexionar sobre la muerte, la condición humana o temas similares es algo que fácilmente lleva a un estado de tristeza, que puede llegar a ser temporal o crónico. Heráclito podría ser el primer afligido. Al final de su vida, asqueado por el vicio de sus conciudadanos de Éfeso, se convirtió en un misántropo. El estado incompleto o caótico de algunas de sus obras es achacado por Teofrasto a este sentimiento que lo dominaba. Hanna Arendt es más directa y clara. Literalmente dice “A mi modo soy una melancólica, de lo que sólo me puedo librar pensando.”. Walter Benjamin se delata rápidamente ya que suele aparecer en las fotos con la mirada baja y aspecto melancólico.
La oscilación maniaco-depresiva se refiere al que pasa desde fases de fuerte exaltación a la más profunda depresión. Auguste Comte es un buen representante de este trastorno, después de ser engañado por su mujer, se exalta asustándola. Le clava un tenedor en la mejilla a un criado y, meses después, vive en un estado casi vegetativo.
La ansiedad aparece históricamente confundida ya que se ha usado melancolía para los casos de ansiedad y de la propia melancolía. Podemos describir a varios filósofos que claramente caen en estado ansioso. Kierkegaard se ve en tal estado de ansiedad y melancolía que admite la necesidad de una visión psiquiátrica. Se describe así: “Desde muy joven he estado bajo el efecto de una inmensa melancolía cuya profundidad encuentra su única expresión verdadera en la facultad, que me ha sido concedida en grado igualmente inmenso, de disimularla bajo la apariencia y el gozo de vivir.” Hegel se confiesa: “Soy un hombre ansioso”. Schopenhauer neurótico desde la muerte de su padre es misántropo, misógino, depresivo,… Dice: “Heredé de mi padre una angustia que maldigo y combato con todas mis fuerzas. Esta angustia se apodera de mí, a veces por una nadería, con tal brutalidad que veo como algo realizado, una catástrofe simplemente posible, incluso apenas pensable.” Hobbes, que duerme con dos pistolas cargadas por miedo a las agresiones, confiesa que “el miedo y yo nacimos gemelos” en alusión a su nacimiento prematuro motivado por las tropas de la armada española.
Entre los fóbicos sociales tenemos a Tomás de Aquino que huye de sus semejantes. Para decir misa llega antes a la iglesia que todo el mundo y se retiraba deprisa por miedo a ser visto por los demás. Descartes hace lo posible para que no lo encuentren, por ejemplo cambiando continuamente de domicilio.
En la hipocondría podríamos ver una lista en la que estarían incluidos Erasmo, Voltaire o Kant. Éste último describe el fenómeno: “El hipocondríaco imagina que padece de todas las enfermedades que ha oído hablar.”
Con los trastornos disociativos nos referimos a los estados de conciencia alterados, despersonalización, etc... En el ejemplo de Platón, que sólo filosofa personalizado en Sócrates, podríamos tener ya un caso.
En los trastornos de la personalidad el enfermo sigue siendo él mismo, pero con mucho sufrimiento. La megalomanía suele ser un caso habitual para este apartado. El filósofo de turno se piensa que es más de lo que es. Entre hablar con Dios y hablar como si se fuese Dios no hay mucha distancia. Giordano Bruno o Abelardo son ejemplos de este caso. Este último decía: “Consideraba que era el único filósofo del mundo.”.Rousseau pertenece a otra variante, es un paranoico perdido. Cuando es célebre en 1761 imagina que los jesuitas van a interponerse en su Emilio. Para él hay un complot “Los magistrados me odian (…) Los filósofos a los que he desenmascarado, quieren perderme a cualquier precio y lo conseguirán (…) los sacerdotes, vendidos a los filósofos me hostigan (…) Los autores me plagian y me censuran.” Schelling tiene neurosis de todo tipo. Es extremadamente susceptible, se pelea con sus maestros, con sus compañeros, con sus alumnos,…un temperamento ciclotímico unido a la fobia al ruido.

11 comentarios:

bLuEs dijo...

Como tuve la mala fortuna de perder los comentarios de Francisco Chávez y mi respuesta aprovecho para copiarlos a continuación.

¡¡Vaya artículo que has escrito!!. En verdad me da mucho gusto que la pequeña conversación haya dado como fruto esta entrada. Realmente es un análisis completo y matizado. Considero que las denominaciones psicológicas con las que describes la psicopatologías de los filósofos son acertadas, salvo por el caso de Abelardo, que más que una megalomanía diría que padece un trastorno narcisista de la personalidad por la cita que comentas, ya que la megalomanía está más orientada a ideas delirantes, es decir, hablaríamos de una psicosis; el caso de Hobbes, más que padecer un trastorno de ansiedad, diría quese trata de un trastorno paranoide de la personalidad o quizá una psicosis paranoica (habría que revisar mejor su historia clínica). Me agradó como acertadamente describes la confusión entre trastornos de ansiedad (o fobias para psicoanálisis) y melancolía (o depresión para la psiquiatría), o la psicosis maniaco-depresiva (o psicosis bipolar para la psiquiatría) de Comte, entre otros más.

Sin embargo, he de decir que difiero contigo en el sentido de que no soy partidario de las etiquetas psiquiátricas y, pese a sus diversos errores, es un acierto que le doy al psicoanálisis: el diagnóstico en psicoanálisis no existe, pues se trata de entender cómo en un analizante (no un paciente, con una connotación anómala de enfermedad mental) se ha constituido su estructura psíquica (tomando en consideración cómo interactúan sus cualidades psíquicas: consciente, preconsciente e inconsciente, así como sus instancias psíquicas: ello, yo y superyo) dando como resultado una neurosis, una psicosis o una perversión, que más que tratar de erradicar la sintomatología de las tres estructuras mencionadas, se trata de idenfiticar las pulsiones y representaciones inconscientes y hacerlas conscientes para lograr la curación.

Partiendo de este punto, más allá de un diagnóstico diferencial de los diversos pensadores que describes, eché de menos una exploración sintomática para aceptar o rechazar la tesis que proponíamos sobre la descarga libidinal más neurótica que sublimada, y así poder encontrar una posible relación argumentada (obviamente, no algo comprobado científicamente sino más a manera de especulación) entre las diferencias de vivir la sexualidad del filósofo al resto del común y una descarga libidinal reprimida que favorece la conformación de una neurosis, más que la operación en ellos del único mecanismo de defensa del yo que no es neurótico: la sublimación. Entiendo cuál era tu objetivo al escribir la entrada: describir brevemente diversos malestares psíquicos (o psicopatologías para la psicología clínica y la psiquiatría) a manera de repaso biográfico breve de los diferentes padecimientos, lo que has logrado maravillosamente (en verdad!!). Pero en lo personal, me hubiera gustado más algo orientado a entender la conformación de la personalidad de dichos pensadores en relación con lo que deliberábamos en la entrada del amor y la sexualidad y como una posible continuación de la fabulosa serie que has escrito de "filósofos en el vacío".

De cualquier manera, has logrado un muy buen artículo, razonado y matizado, ¡felicidades!

bLuEs dijo...

Francisco Chávez dice:

PD. Sería bastante interesante, retomando el tema de sexualidad y amor, revisar las perversiones de los filósofos; pero no entendidas como parafilias y sexopatías del enfoque psiquiátrico, sino como una característica de la sexualidad misma, pero en un sentido de sexualidad infantilizada (partiendo de la tesis freudiana de que el niño se comporta de una manera que el adulto consideraría como perversa, ya que por ejemplo, el beso sería una forma de fijación de la etapa oral, por el constante chupeteo característico de dicha etapa, por dar el ejemplo más sencillo). Es decir, abordar el tópico desde el enfoque freudiano y lacaniano de la perversión. Forzoso sería empezar por el Marqués de Sade y por Sacher-Masoch, quienes dieron nombre al sadismo y masoquismo, ¿no crees?

Un saludo!!

bLuEs dijo...

Mi respuesta fue:

Francisco: En el caso de Abelardo entiendo megalomanía como un delirio de omnipotencia, aunque siempre hay que dejar margen a más trastornos asociados. Quizás la diferencia es que en el texto se parte desde el significado de la palabra y quizás tu lo veas con otra acepción clínica. En cuanto a Hobbes supongo que podría haber llegado a esa situación mediante razonamientos paranoicos, lo que lo convertiría también en lo que dices.

Es verdad que sería bueno ver los síntomas más detalladamente pero optando también por eso en el resto de los apartados del artículo creo que se acabaría haciendo excesivamente grande.

El tema que comentas de las "perversiones" seguro que daría también para mucho. Bien apuntado.

Gracias y saludos

Sonja dijo...

Es interesante y curioso tu artículo, lo que pasa que mepregunto si se hicieraun estudio comparativo qué diferencias habría entre filósofos y otros sectores.

Fobia al ruido? y le llaman fobia, increible ;-)

bLuEs dijo...

Dentro del campo de intelectuales y artistas creo que, cuando menos, es común la existencia de algún tipo de neurosis o de otro tipo de enfermedades psicológicas más serias. Aunque hay varias que son comunes también hay otras que son específicas de cada sector. El motivo podría estar en que las inquietudes nacen de las dolencias. Por ejemplo, es relativamente común entre los pintores el haber estado impedidos físicamente durante largas épocas o incluso durante toda su vida (Toulouse-Lautrec, Frida Khalo, etc...) Fruto de estas dolencias aparece un determinado tipo de enfermedad psicológica que, con fortuna, puede encontrar algún tipo de remedio mediante el trabajo artístico y/o intelectual.

Saludos

Francisco Chávez dijo...

En su momento fue un interesante intercambio de ideas. Gracias por plasmar nuevamente dichos comentarios. Aunque menos constante, sigo pendiente. Un saludo blues.

bLuEs dijo...

Gracias Francisco.

Lo he rescatado de una forma algo chapucera pero al menos espero que así quede algo de aquellas charlas.

Saludos

Bojiano dijo...

Me ha gustado mucho el artículo, y creo que, en algunos aspectos, es muy acertado. No suelo parafrasear citas si no recuerdo al autor, pero en este caso me es imposible reprimirme: "Quien toma el fruto del arbol del conocimiento siempre es expulsado de algún paraíso". Creo que en muchos de estos casos, es cierto que los filósofos tenían problemas psicológicos. El caso más claro es el de Hobbes, a mi parecer, quien vivió aterrorizado por su experiencia en las guerras de religión. Sólo alguien aterrorizado puede pensar realmente aquello de que el hombre es un lobo para el hombre. Siempre me he preguntado por qué muchos filósofos eran prácticamente asexuales, véase Kant o Nietzsche. Sin ser ningún experto en psicoanálisis, creo que la "sublimación del placer" jugó un papel importante en los más sesudos y brillantes de entre los filósofos. Sin embargo, no puedo evitar detectar cierta manía positivista de etiquetar y forzar el etiquetado. Creo que la hipótesis de trabajo no va desencaminada. Los filósofos son personas complejas y problemáticas, probablemente más aquejadas de problemas psicológicos que otros gremios. En mi opinión, porque las personas problemáticas, o con problemas consigo mismos, son esencialmente "buscadores". Pero me pregunto... ¿ocurre esto con más frecuencia entre filósofos que entre escritores, por ejemplo? Por otra parte, debemos recordar que, durante siglos, aquellos que pudieron dedicarse a la filosofía fueron gente adinerada y, por tanto, ociosa (salvo Spinoza, quien trabajaba puliendo lentes y filosofaba en sus ratos libres). Kierkegaard vivía de las rentas, y murió cuando estas se le agotaron. Es más fácil tener problemas existenciales y todo tipo de neurosis cuando se pertenece a una clase acomodada y ociosa.

Personalmente, creo que la filosofía, aunque no siempre, es una disciplina a la que no se puede pertenecer si se vive rodeado de "paños calientes" que nos hacen la vida más liviana. Los filósofos siempre han intentado arrojar su mirada "más allá" de los convencionalismos o los dogmas (aunque con excepciones, claro está). No siempre lo que se descubre bajo el velo de las mentiras piadosas que todo el mundo se dice para ser más feliz es agradable. Creo que las personas pragmáticas o crédulas no se sienten aguijoneadas por la curiosidad y el ansia de saber en mayor medida que las almas atormentadas. Pero lo que no creo, sinceramente, es que la filosofía devenga en patología o que la patología se focalice en producción filosófica. Existen muchos factores, como la pertenencia a determinada clase social, por ejemplo. Por otro lado, creo que los aspectos biográficos que se han resaltado en este artículo no agotan la vida de estos pensadores.

Bien, por no extenderme más, te diré que me ha gustado mucho el artículo, y que estoy de acuerdo en que hay algo de verdad en tu hipótesis, aunque sigo teniendo mis reservas.

Saludos!!!

bLuEs dijo...

Efectivamente siempre hay que pensar que las dudas metafísicas provienen de unos problemas concretos y reales. Lo que entonces distingue al filósofo es la capacidad de buscar lo universal desde lo concreto. Es entonces cuando hay que componer un sistema filosófico para responder a unas angustias vitales concretas.

Es cierto que históricamnete la casi totalidad de los filósofos tuvieron una situación económica cómoda que les permitió tener el tiempo suficiente para volcarse en la filosofía. De hecho la filosofía sólo pudo nacer del ocio de las clases adineradas atenienses. Sin embargo no opino que el dinero sea un motivo que genere de por sí trastornos psicológicos que puedan ser formulados en un pensamiento filosófico, aunque es verdad que en las sociedades ricas tiende a haber más suicidios que en las menos ricas. Mi parecer es que, más bien, los ricos han tenido las condiciones suficientes para producir lo que los pobres no han podido. En el caso de los últimos difícilmente queda tiempo para hacer filosofía cuando hay que dedicar los esfuerzos a poder comer.

Por otra parte la filosofía nace cuando una idea necesita emerger. Creo que quizás esto podría darse más en las clases adineradas. Quizás aquí también sea más fácil que aparezcan ideas que poder combatir desvinculadas, por ejemplo, de la parte emotiva.

Muchas gracias por tu interesante comentario y saludos.

Detextos y Delibrios dijo...

Es la primera vez que visito este blog y he quedado muy impresionado y entusiasmado. Particularmente este artículo es antologable. Muchas felicidades y saludos.

bLuEs dijo...

Hola:

Encantado de poder compartir gustos e intereses.

Gracias y saludos