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Psicoanálisis de Adolf Hitler (parte 6): Su narcisismo y las consecuencias.

Para comprender muchos de los rasgos de la personalidad de Hitler resulta fundamental darse cuenta de la primacía del narcisismo en su carácter. Esto queda delatado a poco que lo observemos y así veamos los rasgos típicos de una persona narcisista. Fundamentalmente proceden de que sólo se interesó por sí mismo. Sus deseos, sus pensamientos, sus anhelos,.. eran lo único que tenía validez para la mente de Hitler. Los demás sólo le importan en cuanto podía utilizarlos para sus fines, de ahí que no llegase a consolidar ninguna amistad sincera. Fruto de esta orientación de su carácter fue la idea de que él siempre lo sabía todo mejor que nadie (cosa que también sucede en muchos tipos de fanatismo) .Este detalle, junto a la gran seguridad que comporta el tenerlo, es algo típico del narcisismo intenso.
Se ha hablado mucho del magnetismo de Hitler, sobre todo del poder de su mirada (algo que comparten un buen número de personas de carácter narcisista). Muchas personas han referido que, cuando se encontraban cerca de él, cambiaban de opinión (incluso los que pretendían discutir con él) y se “afiliaban” a la que Hitler pronunciaba. Respecto a esto también hay que tener en cuenta que Hitler tuvo desde pequeño la habilidad de dirigir, dominar y manipular a los demás. En esta primera etapa lo usó para ser jefe de pandillas en juegos, pero desde entonces quedó consolidado como un rasgo de su carácter. Muy posiblemente su origen se deba principalmente a la relación que tuvo con la madre. Él consentimiento de Klara Hitler hizo que Adolf aprendiese a dominarla y a hacer una marioneta de ella en función de sus caprichos. Cuando no lo conseguía su ego reaccionaba con uno de sus típicos y brutales enfados que se repetían de adulto y parecían conferirle más seguridad y autoridad a lo que decía o hacía. De hecho Hitler aprendió a canalizar según las ocasiones sus estallidos de rabia. Por ejemplo, los utilizaba al final de sus discursos para dar más valor y consistencia a lo que decía. Como tenía una base genuina (eran verdaderas muestras de odio) cuajaba para otorgarle mayor credibilidad a sus palabras y acciones, al tiempo que, según el auditorio ante el que se encontrase, podía buscar la intimidación con estos arrebatos de rabia.
La presentación de su faceta intelectual también era una prolongación de su carácter narcisista. Para empezar nunca leía nada que contradijese lo que ya pensaba. En realidad sólo buscaba alimentar emotivamente las ideas que tenía preformadas. Aunque había fracasado como estudiante, con los años aprendió a tener una mayor constancia y esfuerzo en esta faceta. Ayudado por su buena memoria (podía, por ejemplo, recordar infinidad de detalles sin importancia de calles por las que había pasado)y por su capacidad como actor y manipulador era capaz de construir un discurso verosímil para una persona no cultivada que le hiciese aparecer como un intelectual de primer nivel que podía hablar de casi cualquier disciplina, aunque en realidad Hitler no supiese salirse de los márgenes de los fragmentos que había memorizado y entrelazado.
El carácter narcisista de Hitler también lo obligaba a caer en frecuentes contradicciones. Por una parte debía de primar su alta autoestima y, por otra, debía superar los problemas que le suponía el choque de ésta con la realidad. De esta manera se presentaba como poseedor de una voluntad y determinación inquebrantable cuando, en realidad, desde niño había sido una persona muy voluble y dependiente de sus propios caprichos (anteriormente quedó explicado que este rasgo fue determinante para su fracaso en la escuela). Lo que Hitler llamaba voluntad de hierro no era otra cosa que su fijación por las pasiones dispersas de su mundo de ensueño, nada que ver con ningún tipo de determinación racional. Generalmente vacilaba sobre lo que hacer y terminaba dejando pasar el tiempo hasta que la situación se “resolvía por sí misma” de forma inevitable (a esas alturas ya no haría falta tomar ninguna decisión). Su presentación como líder de los obreros también era una farsa, realmente Hitler adoraba llevar una vida de rico (recordemos aquí su atracción por las actrices y por las mujeres de clase social alta). De la misma manera que invitó artistas y a distintas personalidades a su círculo personal pudo haber invitado a intelectuales. Conocedor de la amenaza que supondría para la forma en que se presentaba en este aspecto (solamente era una “fachada”) seguramente decidió prescindir de cualquier persona que pudiese amenazar su estatus a este nivel. Su interés por la arquitectura fue lo único que hizo posible que personas de este ámbito estuviesen a su alrededor. Con los jefes militares conseguía salvar su posición de autoridad intelectual superior al estar ayudado de su gran memoria (lo que parecía hacerle tener un conocimiento profundo de cada situación). Sin embargo no tenía capacidad creativa para concebir ninguna estrategia realista, con lo que, de nuevo, tras la apariencia, no había nada que fuese verdaderamente consistente.

4 comentarios:

Francisco Chávez dijo...

Hola Blues,

Ya andamos de regreso por estos lares. Ahora bien, con respecto a esta interesante entrada, a mi punto de ver el narcisismo de Hitler no es más que un rasgo de su bien definida sociopatía.

Saludos y nos seguimos leyendo.

blues dijo...

Me has dejado pensando si sería antes el huevo o la gallina. Imagino que podrían estar interconectados (caso de descartar un posible origen genético de la sociopatía). Si no ´pudo superar los primeros estadios narcisistas que son normales en todos los niños (y, en su caso, se vieron acentuados por el cariño incondicional de su madre) fácilmente tendería a un desprecio de las leyes que permiten la convivencia social.

También hay que tener en cuenta que Hitler no despreció por completo las normas sociales. Por ejemplo, en los casos de las mujeres de categoría social "superior" con las que se relacionaba, Hitler procuraba adecuarse a las normas sociales para lograr ser respetado por esta clase de mujeres.

Me alegro mucho de tu vuelta a los blogs.

Un saludo.

Francisco Chávez dijo...

Más que respertar hasta cierto punto las normas sociales, Hitler las utilizaba. El sociópata no se somete a las normas de convivencia, pero es socialmente funcional y para ello utiliza las mismas.

Me atrevería a decir, guardando mis reservas, que esa es la pequeña diferencia entre un psicópata y un sociópata, aunque algunos expertos consideran que se trata de lo mismo, sugiriendo que el término sociópata es más eufemista. Ambos buscan su satisfacción narcisista.

blues dijo...

He pensado en lo último que has puesto y creo que no te falta razón.

Gracias y saludos.