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El diván y el psicoanálisis no deben ir unidos

Freud fue el impulsor de esta moda que duró (y sigue durando muchos años), la de sentar al paciente en un diván y situar al psicoanalista a su espalda. Según Freud el origen estuvo en que él terminaba agotado de sostener la mirada de sus pacientes durante horas. Después se adujeron otras circunstancias: que así el paciente se concentraba mejor en lo que tenía que decir, que disminuía la influencia del analista sobre los comentarios del paciente, etc… Por supuesto ésta es la versión oficial, si reflexionamos un poco podremos sacar otras conclusiones.
El creador del psicoanálisis debía de mostrar alguna justificación de este procedimiento pero el motivo que no quiso revelar es que él no deseaba “bajar a los infiernos” del paciente, prefiriendo adoptar una cómoda actitud distanciada que le permitiese implicarse solamente hasta el grado que le convino. Su objetivo fue utilizar a los pacientes como datos clínicos que le permitiesen ahondar en sus teorías, no como personas que necesitan comunicación humana para solucionar sus problemas.
Para empezar situar a un paciente en un diván le produce un menosprecio, se le trata como si fuese un conejillo de indias que se supone que funcionará mediante estímulos mecánicos. Además se le sitúa en una posición de inferioridad respecto a su analizador, que por otra parte y como fruto de esta situación fácilmente tiende a ser idolatrado, aumentando además la transferencia. René Spitz reconoció sin ambages que la función principal del diván es puerilizar al paciente para conseguir el mayor número de datos de su infancia. El problema es que con este artificio la intensidad de la transferencia tiende a aumentar y con ella aumentan las dificultades para el psicoanálisis del paciente.
Aunque la comunicación de los pensamientos del paciente hacia el psicoanalista puede hacer más dificultosa en primera instancia, una vez franqueada esta primera barrera inicial el paciente comprende que está delante de un adulto (y no hablando a un ente que apenas responde) que puede comprender lo que le sucede y con el que puede establecer un vínculo humano. La transferencia es entonces menor y el paciente consigue una retroalimentación fruto del diálogo frontal que le ayuda a mejorar la expresión de sus pensamientos y sentimientos.

8 comentarios:

Maria C dijo...

Me parece logica la explicacion dada aunque nunca la vi asi(me refiero al sentido del divan)pero si de mi dependiera preferiria toda la vida una relacion frontal que de igual manera es dificil ya que es descubrir tu intimidad a un extraño,lo que no le resta utilidad cosa que me consta.Saludos

bLuEs dijo...

Yo también creo que sería lo más deseable. Es triste ver como todavía hay muchos psicólogos que se amparan en el diván.

Saludos

Dizdira Zalakain dijo...

Pues qué queréis que os diga, a mí me encantaría tumbarme en un diván en plan odalisca y soltarle mis rollos a alguien.
Ahora en serio, la mesa de despacho también ejerce una labor de parapeto para el profesional. Por otro lado, si de mobiliario se trata, hoy es habitual que el médico ocupe un magnífico sillón de cuero y el paciente una humilde sillita. Y no sé que es más "infantilizante". El caso es que resulta muy difícil que el paciente no se sienta del otro lado por una razón u otra, porque siempre va a tratarse de una relación descompensada.
Para el psicólogo resulta complicado establecer la empatía justa con su cliente, -ahora son más clientes que otra cosa- sin sentirse superior por su estatus o caer en una complicidad excesiva que le haga perder la perspectiva. El paciente, por otro lado, tiende a ver al psicólogo o como una especie de ser superior, solución a todos sus males, o como una figura de autoridad rechazable en cuanto tal.
Bueno, el tema daría para otro post...
Saludos.

Maria C dijo...

Si da para otro post lo podes hacer,no bLuEs?

bLuEs dijo...

Dizdira:

jaja .... ;)

No había pensado en el resto del mobiliario pero es verdad. Me recuerda bastante a la presentación habitual en un juicio ordinario. Es una situación parecida, parece que el imputado deba de estar sentado en una silla lo más austera posible, mientras que los magistrados y el juez (además de la tarima, ropajes, etc..) puedan estar en fastuosos sillones. Aunque se podría decir que al ser ellos representación de la ley merecen otro rango, lo cierto es que es una forma de buscar la autoridad en la apariencia.

Es una pena que se llamen clientes. Imagino que se busca dar una connotación "profesional", pero más que nada redunda en eliminar a la persona. Es una forma más de cosificarla.

Hacer nuevas transferencias de figuras autoritarias es precisamente una de las consecuencias de todo este proceso. Quizás a muchos psicólogos no les importe tener esa posición. También alimenta el ego y da un pretexto para que los "clientes" sigan volviendo.

María C:

El tema daría para mucho pero mis conocimientos para poco.

Anima a Dizdira. Yo creo que si se pone lo haría muy bien. Tiene muy buena mano para estos temas además de contar con la erudición.

Saludos para ambas

Dizdira Zalakain dijo...

Yo sí que no tengo conocimientos de psicología; otra cosa es que me guste opinar de todo, ¡hasta de lo que no sé! Jeje...
Saludos.

bLuEs dijo...

Fromm (que imagino que a estas alturas ya se nota que es una de mis principales influencias) estaba completamente convencido de que el marxismo es también una teoría psicológica. La "desgracia" según él fue que apareció antes que el psicoanálisis creado por Freud y por eso no pudo alcanzar una elaboración teórica.

Digo esto porque yo creo que la psicología es una forma de "atacar" algo que se puede mirar por distintos frentes y, en muchos casos, puede llevar a las mismas soluciones. Afrontarlo de la forma tradicional no tiene por qué ser el único ni el mejor camino. Por eso la "buena mano" me resulta fundamental.

Saludos

Andrés dijo...

No estaría mal pensarlo del otro lado: tal vez al paciente también lo agote enfrentarse a la mirada constante del analista; tal vez tumbado de espaldas se sienta más libre para expresarse.