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Erich Fromm - Psicología nazi (parte 1): Entorno social y base del totalitarismo.

El nazismo constituye un problema psicológico moldeado por causas socioeconómicas y, por lo tanto, para comprenderlo hay que entender el contexto en el que surgió. Hubo un grupo de población, muchos de ellos pertenecientes a la clase obrera, que sin mostrarse muy resistente y sin ser demasiado apasionado se dejo llevar por la situación. Otra parte, entre los que se encontraban los pequeño burgueses, se sintió muy atraída por esta nueva ideología y estableció una unión fanática con sus líderes.
Psicológicamente el individuo moderno vive en un estado de apatía y de cansancio que le impide mostrarse firme ante el devenir de lo que le sucede. En la Alemania de la época además había otra condición que se unía a esto y era que la clase obrera había sufrido sucesivas derrotas después de las victorias de la revolución de 1918. Para el comienzo de los años treinta ya se habían perdido los frutos de las primeras victorias y la masa obrera se hallaba bajo el signo de la resignación, de desconfianza ante los líderes, o de interés sobre cualquier actividad política.
Contrariamente al disgusto o escepticismo de la clase obrera, las capas inferiores de la clase media (pequeños comerciantes, artesanos y empleados) acogieron con entusiasmo la llegada del régimen nazi. Hay rasgos característicos de esta clase que la definen a lo largo de la historia y en este momento: amor al fuerte, odio al débil, mezquindad, avaricia (con el dinero y con los sentimientos), su ascetismo, visión estrecha de la vida y sospechas frente al extranjero. Estos rasgos serían uno de los pilares que originarían el posterior vuelco social.
Anteriormente la autoridad de la monarquía era indiscutible y al reverenciarla la baja clase media obtenía un sentimiento de seguridad y un orgullo narcisista. En el periodo posbélico esto cambió. La decadencia de la clase media se agudizó y la llegada de la inflación, que alcanzó su máxima intensidad en 1923, terminó con los ahorros que esta capa social había amasado en muchos años de trabajo. Aunque entre 1924 y 1928 la situación fue de mejoría económica, y consiguientemente de nuevas esperanzas económicas de la clase media, esto terminó con la crisis de 1929 que dilapidó muchas de las ganancias obtenidas en años anteriores.
Además de la cara económica había aspectos psicológicos que incrementaban los problemas y que procedían, fundamentalmente, de la derrota sufrida en la guerra y de la caída de la monarquía. Antes de la guerra la clase media podía sentirse en una posición superior a la de la obrera pero las diferencias se acortaron o anularon, en buena parte porque el prestigio social del proletariado había ido en aumento y ello implicaba que, consecuentemente, el de la clase media disminuía. Eliminadas las distancias no había a quién despreciar. Además la clase media veía como la familia, su otro baluarte, se desmoronaba. Las condiciones económicas y sociales de la posguerra habían minado la autoridad paterna y consecuentemente la moralidad de esta clase social. De esta forma la nueva generación no tenía un horizonte claro y obraba a su antojo en busca de su propio porvenir al margen de lo que sus padres habían hecho. La crisis económica privó a los padres del sostén material que podrían haberles dado a sus hijos en otras circunstancias y la nueva generación debió de buscárselas por su cuenta para poder salir adelante. Unido a este exceso población que no conseguía un empleo se encontraba el amplio grupo de antiguos militares que no habían sabido adaptarse a su nueva situación civil después de años acostumbrados a ejercer el poder. Ahora ya no sabían permanecer como simples empleados.

2 comentarios:

Bea dijo...

Ojalá la gente se preocupase por comprender los entornos de casi todo lo que ocurre.
Me encantó este post.
Besos, mil.

bLuEs dijo...

Comprendiendo la historia nos comprendemos a nosotros.

Me alegra que te haya gustado.

Gracias y saludos