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Erich Fromm: El síndrome de "violación y saqueo"

El síndrome de “violación y saqueo” es una denominación creada por Erich Fromm. Tiene como peculiaridad el ser una expresión sádica que no se limita simplemente a violar, sino que todo constituye un conjunto, de ahí el nombre que intenta representarlo. Aunque puede darse en más casos es frecuente que durante muchos conflictos armados los soldados encuentren las circunstancias necesarias que lo permitan (violación de Nankín por las tropas japonesas, toma de Berlín por los rusos, etc…). Los elementos comunes son la violación, el saqueo y la destrucción de todo cuanto se pone por delante bajo un frenesí que es difícilmente controlable.
Lo primero que es llamativo es el comportamiento con las mujeres, que suele ser de marcada connotación de ostentación. No es sólo el hecho en sí, es también el dejar bien claro la dominación que se hace de la víctima por parte del agresor. Es importante además que generalmente ninguna mujer de ninguna condición (guapas, feas, viejas, jóvenes, etc…) se libra cuando esa situación sucede. Por otro lado, lo que los soldados no consiguen robar lo destruyen, ensucian o lo marcan con alguna huella de su paso. Lo común es que los soldados no queden indiferentes ante nada que esté a su alcance cuando se encuentran en esa situación.
El núcleo del caso del sadismo comentado parece estar en la sensación de poder absoluto e ilimitado sobre personas y cosas. Al violar a las mujeres se establece la dominación sobre todo lo vivo, porque las mujeres no son sólo las víctimas, también lo son sus padres, maridos, hijos,… que quedan en una situación de impotencia al no haberlas podido defender. Por otro lado el saquear y destruir se constituye una relación de dominio sobre las cosas, el agresor las termina marcando con su propio ego. Se puede decir que el agresor, en cierto modo, se inmortaliza y domina a través de acción.
¿Qué se consigue con la experiencia de dominio? Antes de nada una sensación fisiológica en forma de intenso placer morboso, que es lo que lo principalmente lo motiva, pero también se da una forma de superar las limitaciones existenciales de la persona ya que mediante la dominación el sádico deja de estar aislado del mundo y se funde con alguien, se convierte en un ser omnipotente, un dios. De esta forma el agresor puede resolver sus propios conflictos. Es relevante que en las clases más adelantadas cultural y económicamente se encuentra mucho menos sadismo que en las clases atrasadas. Si una persona tiene pocas satisfacciones genuinas en su vida la alternativa sádica se le presenta como una solución fácil y rápida para aliviar sus problemas. Así la persona mermada que es se torna de don nadie a rey de una banda linchadora. Además el sádico suele ser inconsciente del carácter de su comportamiento, fácilmente elaborará algún tipo de justificación que aparente ser racional y que legitime sus actos.
Por supuesto esta “violación y saqueo” no es más que una situación en la que se puede dar el poder sádico. Lo esencial es que exista una relación de poder sobre otra persona y algún “actor” pueda representar el papel de tirano. Puede ser un maestro, un médico, un profesor, un policía,…. ni siquiera es necesario que el grado de poder sea demasiado, lo que vuelve a recordarnos la tremenda atracción que tiene esta vía.

2 comentarios:

Maria C dijo...

Realmente nuy duro,pero para nada falto de realidad,lastimosamente la transcripcion no es exacta,falta solo una linea.Habiendo conocido y vivido esa realidad,no personalmente aclaro,es dificil concluir si los malos son tan inmisericordes o solo estan envueltos en el momento en la ebriedad del poder sobre quien no puede defenderse de manera alguna:solo son carne sobre la mesa,a disposicion de quienes todo lo pueden contra ellos y llegan a amar eso por bizarro que pueda parecer.Que complejo puede ser el ser humano.Saludos

bLuEs dijo...

Pienso que la clave se puede ver en la imagen de la balanza. En un lado están las emociones derivadas de hacer daño (que como se describen en la entrada pueden llegar a ser muy intensas) y en el otro lado de la balanza está lo que importa el prójimo. Visto así quizas no sorprenda tanto que la balanza se incline en un sentido.

Saludos