RSS

El "Experimento de la cárcel de Stanford" (parte 2): Mal comienzo del experimento.

Experimento Stanford
Ya he comentado con anterioridad lo innecesario que se llegan a hacer los experimentos psicológicos tradicionales. Por una larga lista de razones resulta más apropiado tomar la experiencia real como punto de partida y hacer desde ella las interpretaciones necesarias. Aunque hay más motivaciones para censurar el llamado “experimento de la cárcel Stanford” ésta por sí sola sería suficiente. Sin embargo, una vez que es irremediable que haya sucedido, puede observarse como un hecho más de la historia para intentar comprenderlo en su propio contexto, al tiempo que sirve para comprobar las múltiples formas en que la neutralidad de experimento queda violada.
El objetivo declarado por Zimbardo con este experimento era observar los efectos psicológicos que podían producirse en las personas que permanecían en una cárcel dependiendo de su rol de prisioneros o de carceleros. Para este fin se publicó un anuncio en el periódico solicitando estudiantes dispuestos a someterse a un estudio sobre la vida en la cárcel para un plazo que, en principio, sería de al menos una o dos semanas. Las personas que respondieron al anuncio se sometieron a una serie de pruebas con objeto de comprobar que se encontraban en un estado físico y psicológico normal hasta que finalmente el grupo apto para el experimento quedó formado por veinticuatro personas. Es en este momento cuando ya nos topamos un problema de importancia porque el grupo que Zimbardo califica de “buenas personas […] hombres saludables, inteligentes y de clase media.” no responde realmente a esas características. Lo más que podría decirse que, en alguna medida, representan el perfil del estudiante universitario de clase media. Pero no que se puede es otorgársele tan fácilmente al grupo calificativos morales y de salud sin mayor marco de referencia que el que otorga la sociedad y que es el mismo al que respondes las pruebas preliminares realizadas. Efectivamente Zimbardo ha afirmado repetidamente que se trataba de un grupo de buenas personas atendiendo a los test realizados y a lo que conocía del comportamiento que hasta ese momento habían mantenido en la sociedad. A la hora de determinar la bondad de los sujetos del experimento Zimbardo desestimó el constreñimiento que las normas sociales ejercen en los individuos y optó por asumir que si no habían hecho nada que la sociedad pudiese calificar de evidentemente malvado es que realmente tenían esta condición. De hecho en esta preconcepción de Zimbardo también se delata que su finalidad real no es hallar la respuesta a la pregunta de qué es lo que hace malas a las personas, sino más bien confirmar la preconcepción de que es el entorno (y por lo tanto las circunstancias) lo que puede degenerar a cualquier persona. Algo similar a lo que suele hacer en algunas de sus exposiciones pública, donde, simplemente a través de la proyección de una esfera en blanco y negro en la que se pueden observar ángeles o demonios según se fije la mirada en la parte blanca o la parte negra de la proyección, pretende hacer ver que en una misma persona puede darse la ambivalencia entre el bien y el mal. Él mismo ha confesado que en su niñez le resultó angustioso que gente estrechamente vinculada a él cometiese actos malvados. Podría entonces suponerse que la motivación oculta que le hace incurrir en razonamientos falaces procede de la convicción que asumió de niño. Además Zimbardo tampoco establece un criterio claro de lo que es bueno o lo que es malo, limitándose únicamente al mal moral (que es lo que él dice entender por "mal" y al que se suele referir como "el mal") y , dentro de ello, a lo que se supone que es en la sociedad a la que pertenece.

1 comentarios:

Salvatore dijo...

He tenido referencias de este experimento por parte de Doris Lessing, en su excelente libro de ensayos titulado "Las cárceles elegidas" y por supuesto, en la película alemana llamada "Das experiment". Un caso por demás interesante que explora la natura humana y como ésta de comporta de determinada manera, según el rol que hemos asumido o nos han impuesto, de alguna manera.